Hubo un momento en el que pedir una bebida con proteína automáticamente remitía al universo fitness. Hoy, el escenario es distinto. La proteína ya no vive solo en el shaker del gym: ahora aparece en cold brews, smoothies, matchas y más. La pregunta es inevitable: ¿estamos frente a una herramienta saludable para mejorar nuestra alimentación o ante otra tendencia wellness? Para Alfonso Loza, head of Marketing & Partnerships de Birdman, la respuesta es mucho menos superficial de lo que parece. “La proteína antes era vista como ‘hago ejercicio y tengo que tomar proteína’, pero desde hace mucho ya existían estudios que demostraban que es importante para funciones básicas del cuerpo y para llegar más saludables a la vejez”, explica.
¿Las bebidas con proteína son saludables o solo otra tendencia wellness?
La proteína no es solo para hacer músculo
Uno de los mayores mitos alrededor de las bebidas con proteína es que están dirigidas en exclusiva a quienes buscan ganar masa muscular. En realidad, la proteína cumple funciones mucho más amplias: participa en la recuperación celular, el mantenimiento muscular, la movilidad y la sensación de saciedad. “Mientras más músculo tengas, más calorías quemas naturalmente. La proteína ayuda. a construir músculo, tener mejor recuperación y sentirte más fuerte”, señala Loza.
La conversación sobre proteína también cambió porque cambiaron los hábitos. Las nuevas generaciones priorizan cada vez más el bienestar cotidiano: dormir mejor, tener energía estable, sentirse bien físicamente y sostener rutinas más saludables. En ese contexto, las bebidas funcionales encontraron terreno fértil.
¿Es mejor comer proteína natural o tomarla en polvo?
La respuesta corta: ambas. Aunque ningún suplemento reemplaza una alimentación equilibrada, la proteína en polvo puede funcionar como complemento cuando el ritmo diario dificulta alcanzar los requerimientos nutricionales. “La proteína natural siempre
será la base. La proteína en polvo viene a complementar”, explica Loza. “Muchas veces no tienes tiempo de sentarte a comer o solo no puedes consumir el volumen de comida necesario para llegar a tus gramos de proteína”. Y ahí aparece el verdadero atractivo de estas bebidas: conveniencia. Resuelven una necesidad concreta en días acelerados donde comer bien no siempre es sencillo.
El problema no es la proteína: es lo que viene alrededor
No todas las bebidas “high protein” son saludables en automático. De hecho, una de las principales alertas está en los ingredientes que la acompañan: jarabes, azúcares añadidos, cremas y calorías disfrazadas de wellness. “Puedes pensar que tomas proteína, pero en realidad consumes una bomba de calorías”, advierte Loza. “Siempre recomiendo revisar la información nutrimental y la lista
de ingredientes. Mientras menos ingredientes tenga un producto, suele ser mejor”.
Entonces, ¿moda o herramienta útil? Quizás ambas cosas. Sí existe un componente estético y aspiracional alrededor de las bebidas con proteína. El wellness también se mueve por tendencias, pero reducirlas a una moda ignora un punto importante: la mayoría de las personas consume menos proteína de la que necesita. “Es muy poca la gente que llega a sus requerimientos diarios de proteína”, dice Loza. “Mucha gente se llena con pan, snacks o alimentos que casi no tienen proteína”.
La clave, como en casi cualquier tendencia de bienestar, está en el contexto. Una bebida con proteína no compensa una mala alimentación, pero tampoco tiene por qué verse como un exceso fitness. Puede ser una herramienta útil si se integra con criterio, información y expectativas realistas.