¿Te has dado cuenta de que solemos ser más comprensivas con los demás que con nosotras mismas? Muchas veces perdonamos los errores de una amiga y le recordamos que hizo lo mejor que pudo, pero cuando somos nosotras quienes fallamos, la autocrítica aparece con fuerza y olvidamos tratarnos con la misma empatía y compresión.
Ser dura contigo misma puede parecer una forma de exigirte más para mejorar o evitar cometer errores, pero cuando la autocrítica se convierte en una constante en tu vida, puede terminar afectando la manera en que percibes tu propio valor y amor propio, algo que no debería depender de qué tan perfecta seas.
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¿Por qué eres tan dura contigo misma?
Los psicólogos coinciden en que la autocrítica, puede surgir de distintas experiencias: crecer bajo la presión de hacerlo todo bien, aprender a ver los errores como fracasos, compararte constantemente con los demás o creer que tu valor depende de tus logros.
Sin embargo, con el tiempo esa voz crítica puede convertirse en un hábito, y cuando llevas mucho tiempo hablándote de esa manera, incluso puedes confundir la dureza con disciplina.
“Debí hacerlo mejor”, “no soy suficiente”, “seguro los demás lo hacen mejor que yo” o “¿cómo pude equivocarme?”, son pensamientos que pueden parecer pequeños, pero repetidos una y otra vez construyen una relación muy dura contigo misma.
¿Cómo recordar tu valor y amor propio?
Lo primero que tienes que entender, es que tu valor no se gana, ya está contigo, no eres menos valiosa por no cumplir todas tus metas, por necesitar ayuda, por cambiar de opinión o por no tener la vida completamente resuelta.
El amor propio también consiste en dejar de ponerte condiciones para sentir que mereces cariño, no necesitas convertirte en una versión perfecta de ti misma, quizá sólo necesitas aprender a mirar con más ternura a la persona que ya eres.
La próxima vez que tu mente te recuerde todo aquello que hiciste mal, intenta recordar también todo lo que has superado, aprendido y construido, tu historia no está formada únicamente por tus errores.
¿Cómo cambiar tu diálogo interno?
Una forma sencilla de comenzar a cambiar esta dinámica es hacer una pausa cuando aparezca la autocrítica y preguntarte: “¿Le hablaría así a alguien que quiero?”
Si la respuesta es no, quizá también mereces recibir de ti misma esa paciencia, comprensión y cariño.
En lugar de decir “soy un desastre”, puedes reconocer: “cometí un error y puedo aprender de él” o en lugar de pensar “no soy suficiente”, recuerda que una situación difícil no determina tu valor como persona.