No sé si te ha pasado como a mí, pero por alguna razón comencé a “agendar” mi tiempo de meditación como si fuera una tarea pendiente. Ahí, junto a responder correos o ir al súper. Se agenda. Se mide. Se marca como completado. Diez minutos por la mañana, una app, una voz suave, una respiración consciente y fin del ejercicio. Sin embargo, muchas personas experimentan la misma frustración: meditan todos los días y siguen sintiéndose ansiosas, aceleradas o desconectadas. El problema no es necesariamente la práctica ni tampoco que el mindfulness sea una moda vacía. La cuestión es más incómoda: intentamos resolver con 10 minutos de atención plena una forma de vida construida alrededor de la distracción permanente.
“La paradoja es que el mindfulness se popularizó como una herramienta para regresar al presente y terminó absorbido por la misma lógica de productividad que prometí combatir”, me dice Sangharákshita, maestro del Centro Budista de la Ciudad de México. Y es que, como agrega, uno de los mayores malentendidos contemporáneos consiste en pensar que mindfulness y meditación son sinónimos. El médico e investigador Jon Kabat-Zinn, considerado uno de los principales responsables de introducir el mindfulness en la medicina occidental, lleva años intentando corregir esa interpretación. Según explica en su libro Mindfulness para principiantes, no es una técnica, sino una forma de relacionarse con la experiencia, una manera de habitar la realidad con atención y conciencia.
“La meditación es apenas uno de los caminos para cultivarla”, menciona Sangharákshita. Dicho de otro modo: sentarse a meditar no garantiza vivir de forma consciente.
Errores que cometes al meditar
Es posible pasar 20 minutos observando la respiración y luego atravesar el resto del día respondiendo mensajes de forma compulsiva, comiendo frente a una pantalla y manteniendo conversaciones sin escuchar de verdad al otro. La práctica existe. La atención plena, no necesariamente. El fenómeno “McMindfulness” A medida que el mindfulness se convirtió en una industria multimillonaria —aplicaciones, retiros, cursos, podcasts y más— también comenzó a simplificarse. Algunos especialistas hablan incluso de
“McMindfulness”: una versión rápida, comercial y descontextualizada que promete bienestar inmediato sin cuestionar los hábitos que generan estrés. Sangharákshita explica que no es una solución exprés para el malestar cotidiano, porque si bien el mindfulness puede mejorar el manejo del estrés y la ansiedad, no funciona como una píldora emocional ni como vía de escape para una vida estructuralmente desbordada. La psicóloga Ellen Langer, en su libro Mindfulness: la atención plena, considerada por muchos la “madre del mindfulness” en Occidente, lleva más de cuatro décadas investigando la diferencia entre vivir atentos y vivir en piloto automático. Afirma que el mindfulness significa notar cosas nuevas. No tiene que ser meditar, cerrar los ojos ni sentarse en silencio. Solo prestar atención. “La investigación de Langer sugiere que gran parte de nuestra vida transcurre en un estado de mindlessness, es decir, actuamos siguiendo rutinas mentales, respondemos en automático y dejamos de percibir matices, cambios o posibilidades.
Cuando ocurre, dejamos de experimentar el presente porque creemos que ya sabemos lo que está pasando”, señala, Sangharákshita. Por eso, según Langer, la atención plena puede surgir mientras caminamos, cocinamos, trabajamos o mantenemos
una conversación, siempre que abandonemos la actitud automática y volvamos a involucrarnos activamente con la experiencia.
Es decir, consumimos contenido mientras respondemos mensajes. Escuchamos podcasts mientras caminamos. Revisamos correos durante reuniones. Cenamos mirando una serie. Contestamos mensajes mientras hablamos con otra persona y así un largo etcétera. La multitarea se convirtió en una identidad cultural y, por más que medites, nunca estarás practicando el mindfulness que exige justo lo contrario: la presencia y la capacidad de estar en donde estamos. Cómo hacer que funcione en realidad Sangharákshita comenta que hay que trabajar fuera del tapete.
Por ejemplo, en lugar de preguntarte: “¿Medité hoy?”, mejor di: ”¿Cuántos momentos estuve presente de verdad?”. Otras formas son practicar la monotarea, comer mientras comes, caminar mientras caminas y escuchar mientras escuchas. “La presencia no aparece cuando intentamos hacer cinco cosas al mismo tiempo. La cuestión es cuánto tiempo pasas presente en tu propia vida. Eso es practicar el mindfulness”, concluye.
Tips para practicar el mindfulness
1. Entrena tu habilidad de notar, desde tus pensamientos y emociones hasta las sensaciones corporales o el sonido de tu entorno.
2. Si caminas de tu casa al trabajo o sales a caminar por algo, solo enfócate en eso, en caminar: siente cada paso que das y presta
atención a tus pies.
3. Al bañarte, nota la temperatura del agua, la sensación del agua en tu cuerpo, en tu pelo y en cada detalle.
4. Practica un escaneo corporal. Puede ser al sentarte en el sillón o en el coche antes de volver a casa. Comienza por tus pies, recorre tus piernas, torso y brazos
POR JESSICA SERVÍN CASTILLO