El cerebro puede convertirse en nuestro peor enemigo cuando terminamos una relación o incluso cuando conocemos a alguien que no nos conviene del todo. Y es que, durante el enamoramiento, podemos atribuirle cualidades demasiado positivas a una persona y restarle importancia a sus defectos o comportamientos negativos.
Cuando nos enamoramos, es muy común que comencemos a ver a esa persona como alguien extraordinario. Nos encanta su forma de hablar, su sentido del humor, la manera en que nos mira y hasta esos pequeños defectos que, por alguna razón, nos parecen adorables. Por eso, en ocasiones nuestras amigas no logran entender del todo por qué nos gusta tanto alguien, pues mientras ellas pueden observar ciertos comportamientos con mayor distancia emocional, nosotras estamos demasiado ocupadas proyectando en esa persona todo lo que buscamos en una pareja.
Y es que cuando idealizamos a alguien, no necesariamente nos enamoramos de una mentira, sino de una imagen incompleta. Nos enfocamos tanto en sus cualidades que justificamos comportamientos que normalmente no aceptaríamos, ignoramos señales que nos incomodan y nos aferramos a la idea de lo que esa relación podría llegar a ser.
La idealización también puede intensificarse cuando dejamos de tener acceso a una persona. Es entonces cuando podemos comenzar a recordar con mayor facilidad los momentos que nos hicieron sentir bien, dejando en segundo plano todo aquello que no funcionaba.
Pero ¿qué pasa con la imagen que tenemos de alguien cuando finalmente dejamos de idealizarlo?
Las cosas que empiezas a descubrir de una persona cuando dejas de idealizarla
1. Que muchas de sus cualidades eran expectativas tuyas
¿Realmente era tan excepcional como creías o tú le atribuiste esas cualidades por lo mucho que querías que funcionara la relación? A veces no nos enamoramos únicamente de lo que alguien nos demuestra, sino también de todo lo que imaginamos que podría ofrecernos o del futuro que idealizamos a su lado. Quizá pensabas que era una persona detallista porque tuvo un gesto romántico contigo durante las primeras citas, o que era emocionalmente responsable porque sabía decir las palabras correctas justo cuando necesitabas escucharlas. Sin embargo, con el tiempo comienzas a darte cuenta de que una buena primera impresión no siempre refleja cómo se comporta alguien dentro de una relación.
2. Que estabas justificando comportamientos que te lastimaban
¿Te dejaba plantada? Seguro estaba demasiado ocupado. ¿Tardaba todo el día en responderte? Probablemente se le complicaron las cosas en el trabajo. Cuando estamos profundamente enamoradas, podemos encontrar una explicación para prácticamente cualquier cosa. Y si esa persona evita hablar sobre sus sentimientos, nos convencemos de que simplemente necesita más tiempo para abrirse emocionalmente. El problema comienza cuando justificar sus comportamientos se convierte en una costumbre y terminas conformándote con un tipo de amor que no es el que realmente quieres ni necesitas.
3. Que tener química no significa ser compatibles
Quizá tenías una conexión increíble y muchísima atracción física con esa persona, pero eso no significa necesariamente que fueran compatibles en otras áreas de su vida o que pudieran construir una relación saludable. Tal vez tienen formas completamente diferentes de comunicarse, no comparten los mismos planes a futuro o simplemente esperan cosas distintas del amor. Y aunque la química puede hacer que una relación se sienta extraordinaria, no siempre es suficiente para mantenerla.
4. Que sus defectos no eran tan pequeños como pensabas
Quizá pensabas que sus celos eran una muestra de interés, que su dificultad para pedir perdón era consecuencia de su orgullo o que sus comentarios hirientes eran simplemente bromas. Pero cuando dejas de idealizar a esa persona, comienzas a darte cuenta de que esos comportamientos no eran tan insignificantes como creías y que, en realidad, podían afectar tu bienestar emocional. Porque una cosa es aceptar que nadie es perfecto y otra muy diferente es justificar constantemente actitudes que te lastiman.
5. Que estabas enamorada de lo que podría haber sido
Tu mente imaginó un futuro con esa persona y, sin darte cuenta, comenzaste a prestarle menos atención a lo que realmente estaba sucediendo. En ocasiones no nos quedamos en una relación por lo que estamos viviendo, sino por todo lo que creemos que podría suceder. Nos aferramos a la posibilidad de que algún día la relación sea más recíproca, de que esa persona cambie o de que finalmente las cosas funcionen como siempre imaginamos. Pero cuando dejas de idealizarla, comprendes que una relación no puede sostenerse únicamente en la esperanza de lo que algún día podría llegar a ser.
6. Que te abandonaste a ti misma
Dejaste a un lado tus pasatiempos, tu tiempo a solas y hasta tu paz mental por dedicarle toda tu atención a la ansiedad que te generaba esa persona. A veces estamos tan concentradas en conservar a alguien que comenzamos a modificar pequeñas partes de nuestra personalidad sin siquiera notarlo. Dejamos de hacer planes que antes disfrutábamos, evitamos expresar lo que sentimos y terminamos organizando nuestra vida alrededor de las necesidades de alguien más.
Hasta que un día te das cuenta de que has dedicado tanto tiempo a comprender sus necesidades que olvidaste preguntarte por las tuyas.
¿Cuánto tiempo tardas en dejar de idealizar a una persona?
Aunque algunas personas comienzan a ver su relación con mayor claridad después de unas semanas o meses, no existe un número mágico de días para dejar de idealizar por completo a alguien. De hecho, el tiempo que tardamos en superar una idealización puede depender de distintos factores, como cuánto duró la relación, cómo terminó, qué tan fuerte era el vínculo emocional y cuánto contacto seguimos teniendo con esa persona. Además, dejar de idealizar no siempre sucede al mismo tiempo que dejamos de estar enamoradas. Puedes reconocer que alguien no era la pareja que necesitabas y aun así seguir extrañándolo. Porque a veces lo más difícil de superar no es a la persona que realmente conociste, sino a la que imaginaste que podría llegar a ser.