Bloqueaste su número. Silenciaste sus historias. Prometiste no preguntarles a sus amigos por él. Y llevas tres días repitiéndote que NO necesitas saber a quién empezó a seguir en Instagram. Bienvenida al contacto cero. Una de las estrategias más conocidas para intentar superar una ruptura consiste precisamente en limitar —o eliminar, cuando es posible— el contacto con una expareja mientras te acostumbras a una vida en la que esa persona ya no está presente.
Eso puede significar no hablarle, no responder mensajes innecesarios, dejar de revisar sus redes sociales, evitar buscar información sobre su vida y, sí, resistir la tentación de preguntarle a tu amiga “pero ¿subió algo conmigo indirectamente relacionado?”. El objetivo del contacto cero es ayudarte a crear distancia suficiente para comenzar a adaptarte a la ruptura. Porque tu cerebro también tiene que acostumbrarse a que esa persona ya no está.
Porque ¿sabías que el desamor activa las mismas regiones del cerebro que las adicciones de drogas? Por eso, después de una ruptura, algunos neurotransmisores disminuyen, como la dopamina (recompensa y motivación), la oxitocina (vínculo y conexión) y la serotonina (humor y regulación emocional).
Eso podría ayudar a explicar esa sensación desesperante de “sé perfectamente que no debería escribirle, pero NECESITO hacerlo”.
Lo que el contacto cero realmente le hace a tu cerebro
Semana 1 y 2
Tu cerebro está hambriento de dopamina, por lo que comienzas a sentir ansiedad, pánico y obsesión por la persona en cuestión. En ocasiones es común que también sientas dolor físico derivado de la angustia emocional. Es común que cada segundo del día quieras saber qué está haciendo porque todavía tienes todos los hábitos de una relación. Puede aparecer una necesidad intensa de escribirle, revisar sus redes, releer conversaciones, mirar fotografías o encontrar cualquier pequeña señal de que también está pensando en ti.
A esta fase se le conoce como “abstinencia”.
Semana 3 y 4
Tus niveles de dopamina comienzan a estabilizarse, pero tu cerebro aún busca recompensa mediante ciertas acciones, como revisar continuamente tu teléfono para ver si esa persona no te ha escrito, stalkearla en redes sociales o buscar cualquier tipo de contacto para sentirla cerca. Quizá ya no quieras escribirle cada cinco minutos, pero aparece una versión mucho más discreta de la tentación.
A esta fase se le conoce como “deseo intenso”.
Semana 5 y 6
Tu cerebro comienza a producir mayores niveles de serotonina por sí solo. Por lo mismo, tu humor empieza a mejorar y a estabilizarse, además de que estás menos reactiva y obsesiva. El deseo de contactar a esa persona comienza a desaparecer. Te das cuenta de que ya pasas varias horas sin pensar en esa persona. No significa que estés completamente recuperada ni que jamás vuelvas a extrañarlo, simplemente tu atención empieza a tener espacio para otras cosas. Puede que todavía haya días malos porque la recuperación emocional no es una línea recta, pero esos pequeños momentos en los que tu ex deja de ocupar cada espacio de tu cabeza también cuentan.
Semana 7 y 8
En estas semanas tu cerebro forma nuevas vías para obtener dopamina. Por eso comienzas a obtener placer de nuevas actividades, como socializar, hacer ejercicio o trabajar. Es en esta fase cuando comienzas a sentirte como “tú misma” de nuevo. Empiezas a llenar los espacios que antes ocupaba la relación. Sales con tus amigas, regresas al gimnasio o te obsesionas con una nueva serie.
Después de la semana 8
En este periodo de tiempo tu cerebro se ha reconfigurado lo suficiente como para dejar de obsesionarte con tu ex. Ya no revisas sus redes sociales, comienzas a encontrarle lógica a tu ruptura y recuperas tu esencia. Este podría ser el verdadero glow up del contacto cero. Tal vez todavía recuerdes la relación. Incluso puede que sigas queriendo a esa persona de alguna manera.
Pero recordar ya no necesariamente significa querer regresar.