¿Madrugar te hace una persona más feliz? Esto es lo que dice la ciencia

La ciencia ha estudiado la relación entre madrugar, bienestar y salud mental, y sus conclusiones muestran que la felicidad no depende de la hora a la que despiertas, sino de tu ritmo biológico y tus hábitos de descanso

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¿Madrugar te hace una persona más feliz? Esto es lo que dice la ciencia

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Despertarse temprano se ha asociado con disciplina, éxito y bienestar. La idea está tan instalada que suele darse por cierta sin cuestionarla, sin embargo, cuando la ciencia entra en la conversación, el panorama se vuelve mucho más matizado. Madrugar no es, por sí mismo, una receta universal para la felicidad, y los estudios más recientes sugieren que la relación entre levantarse temprano y sentirse mejor depende de factores más profundos que la hora del despertador.

Desde la psicología y la neurociencia, uno de los conceptos clave para entender este debate es el cronotipo, es decir, la predisposición biológica que determina si una persona funciona mejor por la mañana o por la noche. Algunas personas son naturalmente matutinas, ya que se despiertan con energía, se concentran mejor temprano y sienten que el día fluye a su favor desde las primeras horas. Otras, en cambio, alcanzan su pico de productividad y bienestar más tarde.
Forzarlas a madrugar no solo no mejora su estado de ánimo, sino que puede generar irritabilidad, fatiga y estrés sostenido.

La ciencia también ha encontrado una correlación interesante: en promedio, las personas con cronotipo matutino reportan niveles ligeramente más altos de bienestar emocional y menor incidencia de síntomas depresivos. Pero aquí es donde conviene hacer una pausa. Correlación no significa causalidad. No es que despertarse temprano produzca felicidad automáticamente, sino que quienes son naturalmente matutinos suelen adaptarse mejor a los horarios sociales, laborales y escolares, lo que reduce el conflicto entre su biología y su entorno.

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Dormir poco, incluso si implica madrugar, tiene el efecto contrario al bienestar

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Dormir poco, incluso si implica madrugar, tiene el efecto contrario al bienestar. Estudios sobre salud mental y sueño coinciden en que la falta de descanso afecta directamente el estado de ánimo, la regulación emocional y la capacidad para manejar el estrés. Una persona que se levanta a las cinco de la mañana tras dormir cinco horas difícilmente experimentará los beneficios que suelen atribuirse a madrugar. En ese caso, el costo emocional supera cualquier ventaja simbólica de empezar el día temprano.

Otro punto relevante es la percepción de control. Algunas investigaciones sugieren que quienes eligen conscientemente madrugar —y no lo hacen por obligación— tienden a reportar mayor satisfacción diaria. No por la hora en sí, sino por la sensación de organización y autonomía. Cuando el cambio de horario responde a una decisión personal alineada con las necesidades del cuerpo, puede tener un impacto positivo. Cuando es impuesto, ocurre lo contrario.

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¿Eres una persona matutina o nocturna?

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También influye el uso que se hace de las primeras horas del día. Madrugar para correr, escribir, meditar o desayunar con calma no tiene el mismo efecto que madrugar para responder correos bajo presión o llegar a tiempo a un trayecto agotador. La ciencia apunta a que el bienestar está más relacionado con la calidad de la rutina que con el reloj.

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