Tener el útero retrovertido (hacia atrás) es una variante anatómica normal que afecta a 1 de cada 5 mujeres. Imagina que el útero es una pera que, en la mayoría de las mujeres, se inclina hacia adelante, apuntando hacia el abdomen. Sin embargo, en un 20% de la población femenina, el útero decide “darla la espalda” al mundo y se inclina hacia atrás, apuntando hacia la columna vertebral y el recto. No tienes de qué preocuparte: no es una enfermedad ni una malformación, es simplemente una variante anatómica tan común como ser zurda o tener los ojos de diferente color.
Adapta la intimidad a tu cuerpo
“De cucharita”
Al ser una penetración lateral y poco profunda, permite un control total del ángulo, evitando el choque con el fondo uterino.
Mujer arriba (vaquera) con inclinación
Sentarte sobre él pero inclinando tu torso hacia adelante permite que la penetración sea en un ángulo que evita el cuello del útero y roza directamente el punto G.
Perrito “Modificado”
En lugar de estar en cuatro puntos, baja el pecho al colchón. Esto cambia la inclinación de la pelvis y suele ser mucho más cómodo para quienes tienen retroversión.
¿Por qué ocurre y qué significa para tu placer?
La mayoría de las veces, naces así. En otros casos, puede deberse a condiciones como la endometriosis o cirugías previas. Lo que realmente te interesa saber es que, al estar el útero más cerca del canal vaginal posterior, ciertas posiciones pueden hacer que el “choque” sea más directo, causando esa sensación de incomodidad. ¡Pero tranquila! Solo es cuestión de ajustar el ángulo para que el placer sea el protagonista y no tu anatomía. Experimenta con estos ángulos y redescubre tu clímax.