Sentirse incómodo ante los silencios en una conversación y querer llenarlos rápidamente es algo común; sin embargo, en un mundo que se encuentra marcado por la inmediatez y la comunicación constante, el silencio puede percibirse como algo incómodo o incluso amenazante, lo que lleva a muchas personas a intentar evitarlo, rompiendo el silencio a toda costa.
Psicólogos coinciden en que el silencio se percibe como tensión, por lo que muchas personas lo evitan continuando hablando para reducir esa incomodidad, especialmente cuando no hay confianza con la otra persona.
Te podría interesar: ¿Qué significa realmente ser una it girl y cómo ser una de ellas?
¿Por qué no te gustan los silencios según la psicología?
Expertos argumentan que las personas hablan por distintas razones, como evitar incomodidad, mostrar interés o confirmar la presencia del otro, y esto tiene una base cerebral: el silencio puede activar la amígdala, generando una sensación de amenaza.
Por eso, cuando alguien guarda silencio, el cerebro puede interpretarlo como una posible señal de problema en la relación; sin embargo, este silencio no siempre es malo, ya que depende de la confianza que se tiene con la otra persona.
Cuando hay confianza, el silencio puede vivirse de forma tranquila y agradable, sin generar ansiedad, e incluso como un momento de conexión y paz.
El miedo detrás de los silencios “incómodos”
No todas las personas experimentan el silencio de la misma forma; algunas sienten una incomodidad intensa incluso en pausas breves, esto suele estar relacionado con la inseguridad, que a su vez puede originarse en el miedo a no ser aceptado, querido o percibido como cercano por los demás.
“El miedo es un potente activador de la amígdala y la amígdala es la reina de nuestro sistema límbico, de nuestras emociones”, asegura la psicóloga Eva García Ruíz. “Es como si se desactivase la parte más moderna de nuestro cerebro, el neocórtex. Es decir, no razonamos de igual manera (por no decir, que no lo hacemos en absoluto), las emociones nos dominan por muy poca lógica que tengan”.
Aunque algunas personas creen que simplemente son “habladoras”, en realidad puede existir un impulso interno que las lleva a evitar los silencios, pues muchas veces no se habla solo para comunicarse, sino para evitar la incomodidad o protegerse de un vacío emocional.