Frases bienintencionadas que empeoran la depresión

Estas son algunas frases que suenan alentadoras, pero pueden hacer más daño cuando alguien vive con depresión

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Frases bienintencionadas que empeoran la depresión

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Cuando alguien atraviesa una depresión, el entorno suele querer ayudar. El problema es que muchas veces esa ayuda llega en forma de frases automáticas que, lejos de aliviar, profundizan la sensación de incomprensión. No nacen de la mala intención, sino del desconocimiento y de la urgencia por arreglar algo que no se puede solucionar con palabras rápidas.

La depresión no funciona como un mal día ni como una actitud negativa que se corrige con optimismo. Por eso, ciertas expresiones —muy normalizadas en la conversación cotidiana— pueden resultar especialmente dañinas.

Una de las más comunes es échale ganas. Aunque suene motivadora, coloca la responsabilidad completa en la persona que está deprimida, como si su estado emocional fuera una elección. Este tipo de frase suele generar culpa ya que, si no mejora, es porque “no está intentando lo suficiente”.

Algo similar ocurre con “todo pasa por algo” o “las cosas suceden por una razón”. En contextos de depresión, estas ideas pueden sentirse invalidantes. No ofrecen consuelo real y, en cambio, minimizan el dolor presente al empujarlo hacia una explicación abstracta que no siempre es compartida.

Otra frase frecuente es “podría ser peor”. Comparar el sufrimiento no lo reduce. Al contrario, transmite el mensaje de que el dolor propio no es legítimo o que no merece atención. La depresión no se mide en escalas comparativas; cada experiencia es válida por sí misma.

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Frases bienintencionadas que empeoran la depresión

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También están las frases que buscan acelerar el proceso emocional “ya supéralo”, “no pienses tanto”, “sal y distráete”. Aunque la distracción puede ayudar en algunos momentos, imponerla como solución ignora la complejidad del estado depresivo. Muchas personas ya se sienten agotadas por no poder “funcionar como antes”, y estas frases refuerzan esa frustración.

Incluso expresiones aparentemente empáticas como “sé exactamente cómo te sientes” pueden resultar problemáticas. Cada depresión se vive de manera distinta. Afirmar que se comprende del todo puede cerrar la puerta a que la otra persona explique lo que realmente está viviendo.

Entonces, ¿qué decir? A veces menos, es más. Frases simples como “siento que estés pasando por esto”, “no tengo una solución, pero estoy aquí” o “si quieres hablar, te escucho” no intentan corregir el estado emocional, solo acompañarlo. Y eso, en muchos casos, es lo más valioso.

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La depresión no funciona como un mal día ni como una actitud negativa que se corrige con optimismo

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Hablar mejor sobre depresión no implica memorizar respuestas perfectas, sino aprender a no invalidar. Escuchar sin interrumpir, evitar juicios y aceptar que el malestar no siempre tiene una respuesta inmediata puede marcar una diferencia real.

Porque cuando alguien está deprimido, no necesita que le expliquen cómo sentirse mejor. Necesita sentir que su dolor no es incómodo, exagerado ni invisible.

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