Durante años nos hicieron creer que vestir para hacer ejercicio significaba elegir entre funcionalidad y estilo. Leggings básicos, tops deportivos y prácticamente el mismo uniforme repetido una y otra vez. Port de Bras nació precisamente para cuestionar esa idea. Con más de una década de historia, la marca ha construido un universo en el que el activewear puede ser femenino, sofisticado, sostenible y, sobre todo, diferente. Su propuesta toma elementos del prêt-à-porter y hasta de la alta moda para trasladarlos a prendas pensadas para mujeres que no necesariamente quieren pasar desapercibidas.
Pero detrás de sus siluetas, volúmenes y códigos reconocibles existe una filosofía que va mucho más allá de qué ponerte para hacer Pilates. Su fundadora entiende la moda como una mezcla de los lugares que han formado parte de su vida: la irreverencia y riqueza visual latinoamericana, la sofisticación europea y la visión comercial estadounidense. Y esa combinación terminó convirtiéndose en el ADN de Port de Bras. En conversación con Cosmopolitan, hablamos con Clarissa Egaña, fundadora de Port de Bras, sobre qué significa crear ropa que haga sentir poderosa a una mujer, por qué el verdadero lujo ya no necesita gritar su nombre, la evolución del athleisure, sostenibilidad y el reto de hacer crecer una marca global sin perder aquello que la hizo especial.
Porque quizá el futuro del activewear no consiste en decirnos cómo debemos vernos. Sino en darnos más opciones para decidir cómo queremos sentirnos.
Port de Bras: la marca que quiere cambiar las reglas del activewear sin renunciar a la feminidad
Cosmopolitan: Creciste entre Florida y Caracas, dos lugares con identidades muy distintas. ¿Qué elementos de tu herencia venezolana siguen presentes en la manera en que entiendes la moda, el lujo y la creatividad?
Clarissa Egaña: Creo que mi manera de entender la moda viene precisamente de haber estado expuesta a mundos muy distintos. De Venezuela y de Latinoamérica hay algo que está profundamente dentro de mí: la alegría, el sabor, la irreverencia, esa manera de no tomarnos todo tan en serio y de atrevernos un poco más. Hay una riqueza visual y una creatividad muy espontánea que definitivamente están presentes en Port de Bras. Después, vivir en Europa le puso un filtro completamente distinto a todo eso: más depurado, más sofisticado, más contenido. Me enseñó muchísimo sobre proporción, calidad, historia, diseño y sobre esa idea de que no necesitas decir demasiado para que algo tenga presencia.
Y Estados Unidos me dio una visión muy completa del merchandising: cómo llevar una idea desde el diseño de una pieza hasta convertirla en un producto real; cómo presentarla, comunicarla, ponerla en escena y finalmente llevarla al consumidor.
Creo que Port de Bras vive justamente en la intersección de esos tres mundos: el sabor y la irreverencia latinoamericana, el filtro estético europeo y la visión comercial americana. Y probablemente por eso nunca he sentido que la marca pertenezca completamente a un solo lugar.
Cosmopolitan: ¿En qué momento entendiste que Port de Bras no quería ser solamente una marca de ropa, sino un movimiento?
Clarissa: Creo que desde el principio, porque cuando decides cuestionar lo establecido y proponer algo diferente, ya estás intentando generar un movimiento. Cuando creé Port de Bras quería darle a la mujer más opciones dentro del activewear. Es ropa que usamos constantemente y no entiendo por qué tenía que estar limitada siempre a los mismos códigos. Hay días en los que quieres ponerte lo más básico, sencillo y cómodo del mundo, y está perfecto. Pero también hay días en los que te sientes extraordinaria, tienes un plan especial, estás en tu mejor momento y quieres ponerte algo que acompañe esa energía. Lo especial también tiene que existir.
Nunca he entendido esa crítica hacia la mujer que se arregla para hacer ejercicio. Me parece tan injusta como criticar a la que no lo hace. ¿Por qué tenemos que juzgarnos? Cada mujer está viviendo un momento diferente, tiene un estilo diferente y una manera distinta de expresarse. Para mí, Port de Bras celebra precisamente esa libertad: descubrir, arriesgar, jugar, ser creativa, celebrar la feminidad y disfrutar de la belleza. Amo nuestra marca, amo a la mujer que ya la usa y amo también a esa mujer que todavía no la conoce y está a punto de descubrirla. Ese es el movimiento.
No creo que tengamos que pasar desapercibidas para pertenecer, ni llevar todas el mismo uniforme para sentir que formamos parte de algo. Algunos días quieres blend in y otros quieres stand out. Las dos cosas están bien.
Port de Bras existe para que, cuando quieras ser única, tengas la libertad de serlo.
Cosmopolitan: Si tuvieras que definir el ADN de Port de Bras en tres palabras, ¿cuáles serían y por qué?
Clarissa: Femenino, sostenible y disruptivo.
Femenino porque desde el principio hemos diseñado celebrando a la mujer y entendiendo el cuerpo femenino. No desde la idea de esconderlo o corregirlo, sino de crear proporciones, siluetas y detalles que la hagan sentirse increíble.
Sostenible porque está en nuestra manera de producir desde mucho antes de que sostenibilidad se convirtiera en una palabra de marketing. Tiene que ver con cómo producimos, con quién producimos, con hacer piezas bien construidas y, sobre todo, con crear producto que tenga relevancia más allá de una temporada.
Y disruptivo porque Port de Bras nunca ha tenido miedo de proponer antes de que exista la demanda. Nunca hemos diseñado preguntándonos únicamente qué es lo que el consumidor ya sabe que quiere.
Yo he estado muy expuesta a la moda, a los desfiles en París, al prêt-à-porter elevado e incluso a códigos que vienen de la alta costura, y siempre me ha interesado tomar elementos de ese universo —una silueta, un volumen, una construcción, una proporción— y preguntarme: ¿por qué esto no puede existir en activewear?
Muchísimas veces hemos llevado esos códigos al activewear antes de que se convirtieran en tendencia. Hay una parte de trend forecasting muy intuitiva en Port de Bras: observar hacia dónde se está moviendo la moda y traducirlo a nuestro propio lenguaje, sin miedo.
Por eso nuestros códigos son tan reconocibles: el Wave, el Arrow, los ruffles, los volúmenes, las construcciones. No estamos tratando de hacer el mejor básico. Estamos tratando de ofrecer algo que todavía no existe. Y creo que eso conecta con nuestra mujer. No necesariamente quiere pertenecer al montón. Le gusta descubrir, explorar, disfrutar, viajar, vestirse y vivir con una óptica un poco diferente. Ese espíritu de romper moldes sin perder feminidad, calidad ni sofisticación es probablemente lo más Port de Bras que existe.
Cosmopolitan: ¿Qué significa para ti crear ropa que haga sentir poderosa a una mujer, más allá de cómo se ve?
Clarissa: Para mí, hacer sentir poderosa a una mujer empieza por darle libertad para decidir cómo quiere mostrarse ese día. Hay días de básicos y hay días de querer destacar; días en los que quieres sentirte contenida y otros en los que quieres jugar, arriesgarte y celebrar tu feminidad. La ropa debería acompañar esa elección, no imponerla. Yo diseño muchísimo pensando en cómo se siente una mujer dentro de una prenda. En cómo una línea puede alargar una pierna, cómo una cintura puede hacerte sentir más contenida, cómo un tejido puede darte seguridad, cómo una proporción puede cambiar completamente la manera en que te mueves.
Cuando una mujer se pone algo y deja de pensar en su cuerpo para seguir con su vida, hay algo muy poderoso ahí. La ropa debería darte seguridad, no quitártela.
Cosmopolitan: Hoy hablamos mucho de quiet luxury, bienestar y consumo consciente. ¿Cómo ha cambiado tu propia definición de lujo en los últimos años?
Ha cambiado muchísimo. Creo que hoy me interesa incluso más hablar de quiet branding que de quiet luxury. Para mí el verdadero lujo está cada vez menos relacionado con demostrar y más con reconocer. Reconocer una construcción, una silueta, una calidad, un código de diseño. Que puedas identificar una pieza sin necesitar ver un logo. Port de Bras lleva más de diez años construyéndose de esa manera. Hemos desarrollado códigos propios —el Wave, el Arrow, nuestros volúmenes, ruffles, proporciones— y hemos protegido muchísimo esa identidad. Nunca hemos querido estar en todas partes ni crecer a costa de diluir lo que nos hace especiales.
Y creo que el lujo hoy también tiene que ver con eso: acceso, conocimiento, tiempo, bienestar y pertenecer a algo que todavía se siente especial. Vivimos en un momento de sobreexposición y sobreconsumo. Para mí, poder descubrir una marca, reconocerla, entender sus códigos y sentir que encontraste algo que no todo el mundo conoce tiene muchísimo valor. Lo interesante ahora es cómo hacer crecer ese universo sin perder la exclusividad que hizo que la gente quisiera descubrirlo en primer lugar.
Cosmopolitan: ¿Puede una prenda ser realmente lujosa si detrás de ella no existe una cadena de producción responsable?
Clarissa: Para mí cada vez es más difícil separar una cosa de la otra. El lujo no debería existir únicamente en el resultado final mientras ignoramos completamente cómo llegamos hasta ahí. Nosotros producimos entre Venezuela y Portugal, y en Venezuela particularmente tenemos una producción muy artesanal, con un equipo que ha crecido con la marca. Eso hace que yo tenga una relación muy cercana con cómo se hacen las prendas y con las personas que las hacen.
No creo tampoco en utilizar la sostenibilidad como una herramienta de marketing. Prefiero hablar de responsabilidad: producir conscientemente, cuidar la calidad, no fabricar producto desechable y crear piezas que una mujer quiera seguir usando después de muchas temporadas.
Cosmopolitan: ¿Qué opinas de la evolución del athleisure? ¿Llegamos a un punto en el que vestir cómodo también puede ser una forma de vestir sofisticado?
Clarissa: Por supuesto que puede ser sofisticado. Pero creo que la verdadera evolución del athleisure va a depender de cuántas marcas y diseñadores estén dispuestos a arriesgarse. Hoy vemos marcas extraordinariamente exitosas alrededor de códigos muy básicos y bastante homogéneos, y no lo digo como una crítica. Claramente funciona: encuentras un producto que el consumidor quiere, haces un gran trabajo de marketing, construyes escala y los números hablan.
Pero para mí eso no necesariamente significa evolución. Evolucionar una categoría implica proponer algo que todavía no sabes si el consumidor está preparado para recibir. Eso es lo que hemos intentado hacer con Port de Bras desde el principio: tomar códigos que veía en el prêt-à-porter, en París, incluso en la alta moda, y llevarlos al activewear cuando todavía no era evidente que pertenecían ahí. Arriesgarnos con siluetas, volúmenes, colores, construcción. Crear primero y dejar que la mujer lo descubra después. Y quizás lo más difícil ha sido hacerlo durante más de diez años con capital propio, sosteniéndonos en nuestra comunidad y manteniendo la marca intencionalmente nicho, mientras construíamos una presencia global de una manera muy curada.
Hoy Port de Bras está en distintos mercados y ha demostrado que ese lenguaje puede viajar, pero sigue existiendo una oportunidad enorme de descubrimiento. Todavía hay muchísimas mujeres que serían perfectamente Port de Bras y simplemente no nos han encontrado todavía. Para mí, la próxima evolución está ahí: llevar este código a más mujeres y más mercados sin masificarlo; crecer sin perder aquello que lo hizo especial.
Cosmopolitan: En una industria que constantemente nos dice cómo deberíamos vernos, vestirnos y sentirnos, ¿qué crees que Port de Bras quiere decirle a una mujer sobre cómo debería vivir?
Clarissa: Quizás justamente que no debería decirle cómo vivir. Creo que las mujeres ya recibimos suficientes instrucciones: cómo vernos, cuánto pesar, qué ponernos, cómo envejecer, cómo ser madres, cómo trabajar, cómo comportarnos. Port de Bras debería ser lo contrario. Quiero que la ropa acompañe a una mujer en la vida que ella eligió construir. Me interesa una mujer curiosa, activa, femenina, fuerte, que se cuida pero también disfruta; que puede hacer Pilates por la mañana y tomarse una copa de vino por la noche. No me interesa vender una idea de perfección. Me interesa mucho más esa mezcla de disciplina y placer, porque creo que ahí está una vida bien vivida.
Cosmopolitan: ¿Qué consejo te hubiera gustado recibir cuando fundaste Port de Bras?
Probablemente que tuviera paciencia. Aunque no sé cuánto caso habría hecho. Soy muy go-getter. Siempre quiero que las cosas pasen ya, y creo que esa impaciencia también ha sido parte de la garra con la que he construido Port de Bras. Pero cuando miro hacia atrás después de más de diez años, hay algo que me parece increíble: casi todas las cosas que alguna vez soñé para la marca terminaron sucediendo. Simplemente no siempre sucedieron cuando yo quería.
Entonces quizás el consejo sería ese: todo va a pasar, pero en el tiempo en el que le toca, no necesariamente en el tiempo en el que tú quieres. Y lo bonito es que todavía tengo muchísimas cosas que sueño para Port de Bras que no han sucedido. Eso, lejos de frustrarme, me mantiene ilusionada. Me da razones para seguir creando, construyendo y pensando en lo que viene.
Una de ellas es encontrar la inversión y el partner ideal con quien podamos llevar todo lo que hemos construido a una escala mucho mayor: demostrar hasta dónde puede llegar una propuesta de activewear sostenible, bella, diferente y disruptiva, sin perder aquello que la hizo especial. Y sé que va a pasar. Pero también he entendido que no se trata solamente de nosotros encontrar a la persona indicada; la persona indicada también tiene que encontrarnos a nosotros.
Quizás eso es lo que más he aprendido en estos diez años: tener ambición para perseguir lo que quieres y paciencia para permitir que llegue en el momento correcto.