Soltar no siempre significa dejar atrás a alguien o a algo; a veces es dejar atrás la versión de ti que sobrevivió con miedo, que aguantó por costumbre, que calló por paz. Porque no puedes construir un presente si sigues mirando al pasado como si todavía vivieras ahí.
La verdadera madurez no está en endurecerse, sino en aprender a seguir con el alma en calma, incluso cuando las cosas no salieron como esperabas. Soltar no es rendirse. Es confiar. Confiar en que el universo sabe lo que hace, que el tiempo acomoda lo que debe quedarse y se lleva lo que ya cumplió su propósito.
Hay amores que no vuelven, proyectos que no resultan, personas que cambian de rumbo. Y está bien. No todo lo que se pierde fue un error. A veces la vida te vacía, no para castigarte, sino para dejar espacio a lo nuevo.
Así que suelta con fe, con gratitud, con la certeza de que lo que es tuyo sabrá encontrarte incluso en medio del caos. Y mientras tanto, elige vivir ligera.
Reflexión final
No puedes controlar cada final, pero sí puedes decidir con qué actitud cerrar cada ciclo. Hazlo con amor, con gratitud y con esperanza. Porque al final, la paz no llega cuando todo está perfecto, sino cuando aprendes a estar en paz incluso cuando nada lo está.
“Soltar no es perder, es liberarte del peso de lo que ya no te deja crecer.”