¿Por qué la palabra feminismo sigue incomodando cuando la dice Rosalía?

La declaración de Rosalía abre una conversación incómoda sobre etiquetas, expectativas públicas y la forma en que se exige coherencia política a las mujeres en el pop

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¿Por qué la palabra feminismo sigue incomodando cuando la dice Rosalía?

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Cuando una artista del tamaño de Rosalía dice que no se define como feminista, la reacción no tarda en llegar. No es una frase lanzada al vacío, se interpreta, se discute y se cuestiona. En un ecosistema cultural donde a las mujeres públicas se les pide constantemente tomar postura, aclarar límites o asumir banderas, esa declaración adquiere un peso que va más allá de la intención original.

Lo importante no es tanto si Rosalía debería o no asumirse como feminista, sino por qué su negativa genera tanta fricción. La conversación revela una expectativa muy concreta: que las mujeres visibles representen causas colectivas, incluso cuando su trabajo artístico no ha sido planteado como un manifiesto político. A diferencia de muchos hombres en la industria, a ellas se les exige coherencia ideológica, pedagogía social y, en ocasiones, militancia.

Rosalía ha construido su carrera desde la exploración estética, la disciplina creativa y una relación compleja con la tradición y la modernidad. Su música, su imagen y su narrativa no responden a una agenda política explícita, aunque inevitablemente dialogan con temas como el poder, el deseo, el cuerpo y la autonomía. Que no quiera etiquetar ese diálogo como feminista no invalida el impacto que tiene, pero sí incomoda a quienes esperan definiciones claras y alineadas.

¿Por qué importa? Porque pone sobre la mesa una pregunta incómoda para el pop contemporáneo: ¿es obligatorio que una mujer influyente se identifique con una causa para que su trabajo sea considerado valioso o consciente? La respuesta no es sencilla. El feminismo, como movimiento, no es monolítico, y muchas artistas prefieren no apropiarse de una etiqueta que sienten que no pueden o no quieren representar en todos sus matices.

También hay un factor generacional. Para algunas figuras públicas, el feminismo es una práctica cotidiana más que una identidad declarativa. Elegir cómo trabajar, con quién colaborar, cómo negociar contratos o cómo habitar el escenario puede ser, en sí mismo, una forma de agencia. Rosalía parece situarse ahí, en el hacer, no en el enunciar.

@lachicxquehabita

No te sientes lo suficientemente “perfecta” para decirte feminista, pero sí lo suficientemente elevada para apropiarte de la cultura latina y capitalizarla. Interesante. Rosalía dice que se rodea de ideas feministas, pero que no se nombra feminista. Y ojo: rodearse del feminismo es fácil cuando eliges la versión aesthetic, blanqueada y cero incómoda. El feminismo no pide santas ni mujeres impecables. Ese “no me nombro” no es humildad: es lavado de manos político. Como dijo Audre Lorde: el silencio nunca es neutral. El problema no es Rosalía como persona, sino el mensaje que se normaliza: que los derechos humanos son opcionales. Bonitos, pero opcionales. bell hooks lo dijo claro: el feminismo no es una estética, es un movimiento contra el sexismo y la opresión. Si quieres vivir sin violencia, igualdad, libertad y dignidad… bebé, ya estás del lado del feminismo, aunque no te sepas teoría. Y no, la falta de postura política de los artistas no es neutralidad: es estrategia de marketing. Aquí me quedo, tranquilita, esperando a que los fandoms se peleen solos en los comentarios ✨ #feminismo #feminista #rosalia #justagirl

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La reacción a su declaración también revela una tensión persistente entre autenticidad y expectativa. Cuando una artista aclara lo que no es, muchas veces se interpreta como una provocación, cuando en realidad puede ser un ejercicio de honestidad. Decir “no me defino así” no es lo mismo que rechazar los derechos de las mujeres, pero en la conversación pública esas sutilezas suelen perderse.

Que Rosalía aclare su postura importa porque nos obliga a revisar cómo consumimos discursos, cómo exigimos posicionamientos y hasta qué punto confundimos representación con obligación. No todas las mujeres en el pop tienen que ser portavoces. Algunas, simplemente, eligen ser autoras de su propio relato, incluso cuando ese relato no encaja del todo con lo que se espera de ellas. Y eso, aunque incomode, también dice mucho del momento cultural que estamos viviendo.

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