Hablar del virus del papiloma humano (VPH) suele venir acompañado de cifras alarmantes, campañas de prevención y advertencias médicas. Lo que pocas veces ocupa titulares es el trabajo silencioso que se realiza en los laboratorios para cambiar ese panorama. En México, ese esfuerzo tiene nombre propio: Eva Ramón Gallegos, científica e investigadora del Instituto Politécnico Nacional (IPN), reconocida por desarrollar un tratamiento que ha logrado eliminar el VPH en pacientes con lesiones cervicales.
El VPH es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en el mundo. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, ciertos tipos del virus están directamente relacionados con el cáncer cervicouterino, una de las principales causas de muerte por cáncer en mujeres en América Latina. En ese contexto, la investigación de Eva Ramón Gallegos no solo es relevante: es urgente.
Desde la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, la doctora ha liderado estudios clínicos basados en terapia fotodinámica, un tratamiento que combina un fármaco fotosensibilizador con una fuente de luz específica para destruir células infectadas sin dañar tejido sano. En ensayos realizados con mujeres portadoras del virus —incluidas pacientes con lesiones premalignas— el equipo reportó la eliminación del VPH en un porcentaje significativo de los casos tratados.
El impacto de estos resultados es doble. Por un lado, abre una alternativa terapéutica menos invasiva frente a procedimientos tradicionales. Por otro, posiciona a la ciencia mexicana en un terreno donde históricamente han dominado centros de investigación de Estados Unidos y Europa. No es menor: se trata de un avance desarrollado y probado en México, con enfoque en la salud pública nacional.
Más allá del logro científico, hay un componente simbólico poderoso. En un país donde el acceso a la información sobre salud sexual aún enfrenta tabúes, que una investigadora mexicana encabece una propuesta para erradicar el virus envía un mensaje claro: la conversación sobre el VPH no debe quedarse en la prevención, también puede hablar de tratamiento y esperanza clínica.
Eso no significa que la vacuna y el uso de preservativo dejen de ser fundamentales. La prevención sigue siendo la herramienta más efectiva contra el VPH. Sin embargo, para quienes ya viven con el virus o presentan lesiones asociadas, contar con nuevas opciones terapéuticas cambia el horizonte emocional y médico.
La trayectoria de Eva Ramón Gallegos ha sido reconocida en múltiples ocasiones por su contribución a la ciencia. Su trabajo no promete soluciones mágicas ni atajos, sino investigación rigurosa, ensayos clínicos y resultados medibles. Y en un entorno saturado de desinformación sobre salud femenina, ese rigor importa.
@salmadasss La chica por la que me he enterado es @Medicilio🩺Elena Casado Pineda Gracias por hacerme conocedora de esta maravilla ❤️🩹 #evaramongallegos #papiloma #mujeres #mujer #ciencia
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La historia detrás de este avance también invita a replantear cómo entendemos la ciencia hecha por mujeres en México. No se trata solo de un logro individual, sino de un recordatorio de que la inversión en investigación puede traducirse en cambios reales para millones de personas.
En un momento donde la conversación sobre autonomía corporal, salud sexual y acceso a tratamientos está más vigente que nunca, el trabajo de Eva Ramón Gallegos aporta algo concreto: evidencia científica que amplía las posibilidades frente a uno de los virus más extendidos del mundo.
La erradicación del VPH ya no suena únicamente como un objetivo lejano de políticas internacionales; gracias a esta investigación, también se pronuncia con acento mexicano.