Consejos de depilación para evitar los vellos encarnados

Pequeños ajustes en la forma de depilarte pueden reducir notablemente los vellos encarnados. Preparación, técnica y cuidados posteriores hacen la diferencia

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Consejos de depilación para evitar los vellos encarnados

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Los vellos encarnados no aparecen por mala suerte. En la mayoría de los casos son el resultado de cómo se depila la piel, con qué frecuencia y en qué estado se encuentra. Aunque suelen asociarse con zonas específicas —ingles, axilas o piernas—, la realidad es que cualquier área depilada puede desarrollarlos si no se cuidan ciertos detalles básicos.

El primer punto clave es la preparación de la piel. Depilar sobre piel seca, áspera o con células muertas acumuladas aumenta la probabilidad de que el vello no logre salir correctamente. Exfoliar de forma suave, uno o dos días antes de la depilación, ayuda a liberar el folículo sin irritar. No se trata de frotar con fuerza, sino de retirar lo justo para que la piel respire.

El método de depilación también influye más de lo que parece. El rastrillo, por ejemplo, corta el vello al ras de la piel, lo que puede facilitar que crezca hacia adentro si el poro está obstruido. En estos casos, usar cuchillas limpias, afiladas y no pasar más veces de las necesarias reduce el riesgo. La cera, por otro lado, arranca el vello desde la raíz, pero puede provocar inflamación si la piel no se calma correctamente después.

Otro error común es depilar con demasiada frecuencia. Cuando no se deja tiempo suficiente entre sesiones, la piel permanece en un estado constante de irritación. Esperar a que el vello tenga la longitud adecuada y respetar los tiempos de recuperación permite que el crecimiento sea más uniforme y menos problemático.

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Prepara tu piel para la depilación

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La dirección importa. Siempre que sea posible, depilar en el sentido del crecimiento del vello —o al menos no hacerlo agresivamente a contrapelo— disminuye la posibilidad de que el pelo se curve bajo la piel. Puede que el resultado no sea tan inmediato, pero suele ser más amable a largo plazo.

Después de la depilación, la hidratación no es opcional. La piel necesita calmarse y mantenerse flexible para que el vello pueda emerger sin dificultad. Productos ligeros, sin fragancia intensa y con ingredientes calmantes ayudan a reducir la inflamación inicial. Evitar ropa ajustada en las horas posteriores también marca la diferencia ya que la fricción constante favorece que el vello quede atrapado.

Algo que suele pasarse por alto es no manipular los vellos encarnados. Tocarlos, rascar o intentar extraerlos sin cuidado puede provocar manchas, infecciones o cicatrices. Si aparecen de forma recurrente, conviene ajustar la rutina en lugar de reaccionar solo cuando el problema ya está presente.

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Depila tu piel en el mismo sentido en el que crece el vello

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Evitar los vellos encarnados no implica una rutina complicada ni productos extremos. Se trata de entender cómo responde tu piel y adaptar la depilación a eso, no al revés. Menos prisa, más atención y cuidados constantes suelen ser más efectivos que cualquier solución rápida.

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