Masturbarse cuando estás triste ayuda más de lo que crees

La masturbación no solo tiene que ver con placer. Cuando estás triste, también puede funcionar como una herramienta real de regulación emocional y bienestar mental

técnicas de masturbación femenina

Masturbarse cuando estás triste ayuda más de lo que crees

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La tristeza no siempre se manifiesta como llanto o drama visible. A veces es cansancio, desconexión, irritabilidad o una sensación rara de vacío que no sabes bien de dónde viene. En esos momentos, el cuerpo también busca alivio, aunque no siempre lo identifiquemos así. Masturbarse cuando estás triste suele generar culpa o incomodidad —como si no fuera “el momento adecuado”—, pero la ciencia y la psicología dicen otra cosa.

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Desde el punto de vista biológico, la masturbación activa un cóctel químico que tiene efectos directos sobre el estado de ánimo. Durante el orgasmo, el cerebro libera dopamina, oxitocina y endorfinas, neurotransmisores relacionados con el placer, la calma y la sensación de conexión. No es una solución mágica ni reemplaza procesos emocionales profundos, pero sí puede reducir temporalmente la intensidad del malestar, ayudando a que el cuerpo salga del estado de tensión constante.

A diferencia de otras formas de evasión emocional, masturbarse implica presencia corporal. Estás en tu cuerpo, no huyendo de él. En estados de tristeza leve o agotamiento emocional, esa reconexión física puede ser clave. El placer no cancela lo que sientes, pero crea una pausa. Y a veces, una pausa es exactamente lo que se necesita para no hundirse más.

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Masturbarte es una herramienta más, disponible, íntima y sin intermediarios

También hay un componente de autocuidado poco reconocido. La masturbación es una experiencia donde no hay expectativas externas, desempeño ni juicio. No tienes que gustarle a nadie, responder mensajes ni sostener conversaciones. Es un espacio íntimo donde el cuerpo decide el ritmo. Para muchas personas, eso se traduce en una sensación de control cuando emocionalmente todo se siente desordenado.

Otro punto importante: la tristeza suele venir acompañada de insomnio o sueño poco reparador. El orgasmo favorece la relajación muscular y la somnolencia, lo que puede mejorar la calidad del descanso. Dormir mejor no resuelve los problemas emocionales de fondo, pero sí reduce su impacto al día siguiente.
Eso sí, hay matices. Masturbarse puede ayudar cuando la tristeza está relacionada con estrés, soledad momentánea o agotamiento, pero si el malestar es profundo, persistente o viene acompañado de apatía constante, desesperanza o desconexión prolongada, no es una solución suficiente. En esos casos, la masturbación puede ser un complemento de bienestar, pero no sustituye apoyo psicológico ni emocional.

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También es importante soltar la culpa. No hay nada contradictorio en buscar placer cuando te sientes mal. El placer no invalida la tristeza ni la hace menos legítima. Ambas pueden coexistir. De hecho, reconocer esa coexistencia suele ser más sano que exigirte sentirte “mejor” de inmediato.
Masturbarse cuando estás triste no es huir del problema, sino regular el cuerpo para que la emoción no te sobrepase. Es una herramienta más, disponible, íntima y sin intermediarios. No lo resuelve todo, pero a veces ayuda justo lo suficiente para seguir. Y eso también cuenta.

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