Hay viajes que empiezan con una agenda y otros en los que basta llegar, dejar las maletas y ver el mar, nuestra Escapada Cosmo a Acapulco, el Hogar del Sol tuvo bastante de lo segundo.
Esta vez viajamos junto a Karla Farfán, actriz acapulqueña que regresó a un destino que conoce desde casa, y Tania García, creadora de contenido fitness. El plan era sencillo: pasar unos días entre amigas, regresar a algunos clásicos del puerto y comprobar cómo se vive Acapulco en 2026. Y sí, Acapulco está recibiendo viajeros, para julio de este año, el puerto tenía 17,555 habitaciones disponibles distribuidas entre 313 hoteles, cerca del 90% de la capacidad hotelera que tenía antes del huracán Otis.
Nuestra base fue Las Brisas Acapulco, uno de esos hoteles que forman parte de la memoria visual del puerto, construido sobre la ladera, el hotel sustituye el formato tradicional de habitaciones por casitas distribuidas en distintos niveles. Algunas tienen alberca semi privada y otras cuentan con piscina completamente privada, terraza y vistas hacia la Bahía de Acapulco o el Pacífico.
Eso cambia bastante la mañana: abrir la puerta de la terraza, ponerse el bikini y meterse a la alberca sin tener que salir de la habitación es exactamente el tipo de lujo que funciona en un viaje de amigas. El mar aparece al fondo y, durante unas horas, tampoco hace falta mucho más. Entre bikinis, lentes de sol y cambios de look, aprovechamos el hotel como parte de la escapada y también como escenario para nuestras fotos.
Antes de que terminara el día fuimos al Sunset Bar, ubicado dentro del hotel, nosotras llegamos con nuestros looks preparados para hacer un shoot al atardecer. El resultado tuvo todo lo que esperas de Acapulco: mar al fondo, luz dorada y esa silueta de la bahía que prácticamente hace la foto por ti.
Al día siguiente cambiamos la alberca por el mar, una tarde de yate sigue siendo una de las mejores maneras de recorrer Acapulco porque permite ver el puerto desde otra perspectiva. Navegamos por la bahía, pasamos frente a algunos de sus puntos más conocidos y dejamos espacio para lo importante: música, sol, bikinis, fotos y tiempo entre amigas.
Karla jugaba de local y eso hizo que el recorrido tuviera un ingrediente especial. Acapulco no era únicamente el destino de nuestra Escapada Cosmo; también era la ciudad de una de nuestras compañeras de viaje.
Entre chapuzones y momentos en cubierta entendimos por qué el plan funciona tan bien para un fin de semana: no necesitas llenar cada hora con una actividad distinta. Una tarde completa puede ocurrir en el agua.
Después de un día de sol, tocaba arreglarnos, la cena fue en Praya, sobre Avenida Escénica, con una vista abierta hacia la Bahía de Acapulco. El restaurante trabaja una cocina de inspiración internacional con ingredientes locales y actualmente su propuesta incluye influencias mediterráneas; la bahía es parte fundamental del espacio. Nuestra mesa empezó a llenarse y pronto tuvimos favoritos: ostiones Rockefeller, tiradito de atún y pulpo a las brasas.
La vista cambia por completo cuando cae la noche. Las luces se extienden alrededor de la bahía y la cena se alarga casi sin darte cuenta. Praya tiene además coctelería y sesiones con DJ, así que funciona especialmente bien para esa noche del viaje en la que quieres arreglarte un poco más y quedarte después de cenar.
Tres días fueron suficientes para recordar por qué el puerto funciona tan bien para una escapada corta: puedes pasar de una alberca privada a navegar por la bahía y terminar la noche cenando frente al mar sin convertir el viaje en una carrera contra el reloj. Nosotras agregamos nuestros bikinis favoritos, looks para el sunset y una muy buena compañía.