Un simple cambio de tono, una respuesta más corta, una puerta cerrada de modo distinto y se encienden nuestras alarmas. ¿Intuición? ¿Sensibilidad? ¿Empatía extraordinaria? Puede no ser ninguno y ser simple entrenamiento intensivo. Cuando una persona crece en un ambiente donde necesita anticipar el humor de los adultos para sentirse segura, desarrolla una habilidad extraordinaria para leer toda la habitación donde también sucede eso. Mientras otros niños jugaban, estos aprendían a vigilar. Una cara seria o un grito puede anticipar problemas. Un silencio, peligro. Un adulto molesto, la señal inequívoca para portarse bien y no molestar.
Al crecer, esas alarmas se quedan viviendo en las personas y nace esa mujer maravillosa que siente todo, entiende a todos, nunca quiere molestar y puede explicar durante una hora por qué llegó cinco minutos tarde. La que dice con frecuencia “no pasa nada” cuando sí pasa. La que prefiere resolver todo antes de pedir ayuda. La que sonríe cuando está rota y siente culpa hasta por estar cansada o harta.
Muchas de esas conductas tienen nombres halagadores: empatía, fortaleza, independencia, responsabilidad, generosidad... aunque convendría mirarlas de cerca y con mucho menos romanticismo.
Señales de que estás cargando con los problemas emocionales de alguien más
La independencia extrema también puede nacer de haber aprendido que pedir ayuda es inútil. Sobreexplicarse puede venir de sentir que cualquier error exige una defensa. Complacer o cuidar compulsivamente puede ser el mecanismo de una niña que descubrió que ser “buena” compra tranquilidad, aprobación, cuidado y cariño. Vivir pendiente de las emociones ajenas tiene un precio muy alto: terminar abandonándose a una misma. ¿Te reconoces?
1. ¿El cambio de humor de alguien más te hacer pensar que hiciste algo mal?
2. ¿Pedir ayuda te hace sentir una carga?
3. ¿Te cuesta decir que no?
4. ¿Das explicaciones larguísimas por decisiones que no necesitan permiso?
5. ¿Resuelves los problemas de tu familia y amigos?
6. ¿Cancelar un plan te produce alguna culpa?
7. ¿Toleras comentarios hirientes para no generar conflicto?
8. ¿Necesitas que los demás estén bien para sentirte tranquila?
Comenzar a poner límites puede ser por demás complicado y es posible que prefieras ser el apete emocional de los demás con tal de no sentir la incomodidad de liberarte. Si quieres serte leal y dejar de sentirte utilizada, comencemos con unos simples pasos:
1. No contestes llamadas a cualquier hora.
2. No aceptes planes por compromiso.
3. No prestes dinero que sabes que no te devolverán.
4. Sal de los grupos de WhatsApp que no te aportan.
5. No minimices lo que sientes.
6. No aceptes bromas en las que te falten al respeto.
7. Recuerda que descansar no necesita de una coartada.
8. Decir “no puedo” es una oración completa. No necesita excusas.
Lo más importante: dejar de caerle bien a todo el mundo. Es una misión agotadora, difícil y mal retribuida. Será complicado soportar que alguien se moleste contigo sin tratar de repararlo, comprender que el enojo de otra persona no es asunto tuyo y una decepción ajena no exige tu sacrificio, pero descubrirás quién eres cuando dejes de ser la encargada emocional de los demás y sentirás una paz inexplicable. Créeme.