Psicológicamente, el deseo se alimenta de la distancia y el misterio. Cuando una mujer se vuelve “demasiado buena”, entendiendo esto como alguien que solo se enfoca en el placer de él, que siempre dice que sí a todo y que no expresa sus propios deseos, el cerebro masculino puede entrar en una zona de confort que mata la tensión sexual. Según la experta Esther Perel, el deseo requiere un poco de “egoísmo sano”.
¿Por qué el exceso de entrega apaga la chispa?
Falta de reto
El cerebro masculino está cableado para la conquista. Si no hay nada que descubrir o negociar, la dopamina baja.
Desbalance de poder
Al priorizarlo a él, dejas de ser una compañera de juegos para convertirte en una “servidora de placer”, lo que elimina la equidad necesaria para la pasión.
Pérdida de identidad
Si él sabe exactamente qué vas a hacer y cómo vas a reaccionar, el tener relaciones se vuelve un trámite predecible.
Ser “buena” en la cama significa ser auténtica y buscar tu propio placer. No le des todo, deja que él también trabaje por descubrir qué te vuelve loca a ti.