Hay una frase que casi todas hemos pensado alguna vez: “algo debe estar mal conmigo, ya no tengo ganas de nada”. Lo pensamos después de una semana pesada, después de meses en la misma relación o solo un martes cualquiera cuando el deseo no aparece. Y ahí empieza la espiral: nos comparamos, googleamos, nos preocupamos...
Para Camila Lavalle, sexóloga de JOYclub, esa alarma casi siempre está mal calibrada. “No es que algo esté mal, sino entender que el deseo, si se percibe como bajo o alto, siempre está diciendo algo de cómo estamos en la vida”, explica. El deseo, añade, fluctúa de forma natural durante toda la vida y responde a factores hormonales, emocionales, relacionales, psicológicos y sociales al mismo tiempo.
Una disminución no significa en automático un problema contigo ni con tu relación; lo que vale la pena revisar es si ese cambio te genera malestar real o si el malestar en verdad proviene de un mito sobre cómo “deberías” vivir tu deseo.
Y ojo, tampoco existe uno sano ni uno universal. “El deseo sí cambia muchísimo durante toda nuestra vida”, dice Lavalle, y enumera algunos de sus puntos de quiebre más comunes: el ciclo menstrual, el embarazo, el posparto, la lactancia, la perimenopausia y la menopausia, además de enfermedades, medicamentos, estrés o cambios importantes en la relación de pareja. Es decir: casi todo lo que te pasa en la vida, le pasa también a tu libido.
Los hábitos que te ayudarán a recuperar el deseo sexual
El cerebro, el verdadero órgano sexual
Si tuvieras que apostar a un solo factor, Lavalle apostaría por el cerebro: “Es el órgano sexual más importante de todos. Interpreta señales de seguridad, placer, estrés, emociones y contexto”, revela. Nuestro cuerpo se permite desear cuando percibe que está en un espacio seguro y eso explica algo que suena contradictorio, pero no lo es en absoluto: puedes amar muchísimo a tu pareja y aun así no sentir deseo si estás agobiada en el trabajo o cargando con demasiado estrés. “El deseo no tiene nada que ver con el amor”, resume la sexóloga.
Y aquí está la parte que le da nombre a este artículo. Lavalle explica que, sobre todo en relaciones largas, el deseo suele funcionar de forma receptiva: no llega solo, de la nada, sino después de un contexto favorable, una estimulación adecuada y una motivación real. “No podemos esperar con las piernas cruzadas a sentir deseo, sino que tenemos que crear y gestionar un contexto donde se favorezca el encuentro y el placer”. Y ese contexto tiene mucho que ver con la calidad de tus encuentros: tu cuerpo no va a querer volver a un lugar donde no hay placer, cuidado ni recompensa.
Lo que sí puedes controlar
La lista de hábitos que ayudan no tiene nada de exótico, pero sí funciona: dormir bien, hacer ejercicio, comer de forma equilibrada, moderar el alcohol, gestionar el estrés, tener espacios de ocio, cuidar la comunicación en pareja, masturbarte y dedicarte tiempo. Sobre el ejercicio, Lavalle es clara: tanto el entrenamiento de fuerza como el cardio muestran beneficios para el deseo, y disciplinas como el yoga o pilates ayudan a reconectar con las sensaciones del cuerpo y bajar la tensión.
La masturbación, en particular, tiene un papel que suele subestimarse. “Permite conocer mejor las propias respuestas sexuales, identificar qué genera placer y reducir la presión por el desempeño”, comenta Lavalle, quien agrega que también ayuda a fortalecer la conexión con el cuerpo y a que el placer se sienta más familiar y accesible.
Cuando el freno se llama burnout
Si tienes la agenda saturada, esto te sonará conocido: la sobrecarga mental actúa como un freno para el deseo. “Cuando una persona está ocupándose de múltiples responsabilidades, el cerebro permanece en modo de planificación y resolución de problemas”, agrega Lavalle. Ese modo no deja mucho espacio para la conexión ni el placer, y lo mismo pasa con la ansiedad y el burnout: mantienen al cerebro enfocado en protegerse, no en desear.
La autoestima también entra al cuarto
Cómo te percibes a ti misma —tu cuerpo, tu valor, tu capacidad de pedir lo que necesitas...— influye directamente en cómo vives tu sexualidad. Pero Lavalle es enfática en un punto: la autoestima es solo un factor entre muchos, no la explicación única cuando algo no está funcionando. El deseo, detalla, es multifactorial casi siempre.
Y tal vez ahí está el permiso que muchas esperábamos: no se trata de “arreglar” tu libido con una fórmula, sino de entender qué te pide tu cuerpo antes de pedirle que desee… Así que, relájate, no pasa nada, respira y reconecta con calma contigo, con tu cuerpo y con toda tu libido.
ACCIONES PARA RECONECTAR CON TU LIBIDO
1. Priorizar el descanso y reducir, en la medida de lo posible, el estrés crónico, porque un cuerpo agotado difícilmente prioriza el deseo. No quieras estar todo el tiempo en modo productivo.
2. Tener tiempo para actividades que generen placer y conexión contigo misma y tu pareja sin que el objetivo sea necesariamente tener relaciones sexuales, sino volver a conectar desde lo erótico.
3. Hablar abiertamente con tu pareja sobre necesidades, expectativas y formas de fortalecer la relación, priorizando el placer compartido y conversando sobre el deseo desde la curiosidad, no desde el reproche.
4. Entender cómo funciona tu deseo y qué situaciones en tu día a día lo favorecen más.