Cada mujer vive una experiencia diferente cuando se trata de tener un orgasmo. Mientras que hay quienes logran llegar al clímax más de una vez al día, hay mujeres que presentan anorgasmia, una dificultad persistente o incapacidad para alcanzar el orgasmo. Y es que no siempre se trata de falta de deseo, poca estimulación o incompatibilidad sexual. Existe un factor que puede dificultar que una mujer llegue al orgasmo incluso cuando está disfrutando del encuentro, porque se trata de un proceso mucho más complejo de lo que parece.
Aunque muchas veces pensamos que el placer sexual depende únicamente de la estimulación física, la realidad es que nuestro cerebro también desempeña un papel fundamental. Puedes sentir una enorme atracción por tu pareja, disfrutar de las caricias y experimentar excitación, pero aun así tener dificultades para llegar al clímax.
Es aquí donde entra en juego uno de los enemigos menos evidentes del orgasmo femenino, que puede estar afectando tu vida sexual sin que siquiera te hayas dado cuenta. Te contamos de qué se trata.
Este es el peor enemigo del orgasmo femenino (y probablemente no lo sabías)
Si hay algo que puede interferir en que una mujer llegue al orgasmo, es la ansiedad y la presión por alcanzarlo. Pensar demasiado, preocuparte por cómo luce tu cuerpo, preguntarte si estás tardando mucho o sentir que necesitas llegar al orgasmo para que el encuentro sea satisfactorio y tu pareja sexual no piense negativamente de ti puede hacer que resulte más difícil concentrarte en las sensaciones placenteras.
Y aunque la ansiedad no es la única razón por la que una mujer puede tener dificultades para alcanzar el clímax, sí es uno de los factores psicológicos que pueden afectar la respuesta sexual.
¿Por qué sucede esto y qué puedes hacer para evitarlo?
Aunque solemos relacionar este tipo de nerviosismo con los hombres, las mujeres también pueden experimentarlo. En nuestro caso, puede manifestarse a través de la presión por llegar al clímax, la preocupación por satisfacer a nuestra pareja o el miedo a que algo no salga como esperamos. Sin embargo, estas inseguridades pueden afectar a personas de cualquier género.
Por ejemplo, quizá alguna vez has estado disfrutando de un encuentro sexual cuando, de pronto, comienzas a preguntarte: ¿Ya tardé mucho? ¿Se estará aburriendo? ¿Ya se cansó y yo todavía no he terminado? Es entonces cuando empiezas a concentrarte más en conseguir un orgasmo que en disfrutar de lo que estás sintiendo.
Esta preocupación puede convertirse en un círculo difícil de romper: cuanto más intentas controlar el orgasmo, más complicado puede resultar dejarte llevar. Y es que es importante que sepas que el placer sexual no solo involucra al cuerpo, sino también al cerebro. De hecho, en psicología sexual existe un concepto conocido como spectatoring, que se refiere a cuando una persona comienza a observar y evaluar su propio desempeño durante el sexo en lugar de concentrarse en las sensaciones que está experimentando.
6 cosas que pueden estar saboteando tu orgasmo sin que te des cuenta
- Estás preocupada por cómo te ves: En lugar de disfrutar del momento, piensas constantemente en cómo luce tu cuerpo, si tu pareja nota tus inseguridades o si deberías verte de determinada manera.
- Piensas demasiado las cosas: Analizas cada movimiento, cada reacción y cada sensación, lo que puede dificultar que te concentres en el placer.
- Te preocupa demasiado llegar al clímax: Sientes que el encuentro no estará completo si no tienes un orgasmo o que necesitas alcanzarlo para satisfacer las expectativas de tu pareja.
- No estás recibiendo la estimulación que realmente necesitas. No todas las mujeres disfrutan del mismo tipo de contacto físico. De hecho, muchas necesitan estimulación directa o indirecta del clítoris para llegar al orgasmo, ya que la penetración por sí sola no siempre es suficiente.
- No te sientes cómoda: La falta de confianza, la inseguridad o no sentirte completamente a gusto con tu pareja pueden hacer que resulte más difícil relajarte y disfrutar.
- Estás estresada: Las preocupaciones del trabajo, los problemas personales, el cansancio y las responsabilidades cotidianas pueden afectar tanto el deseo sexual como la capacidad de concentrarte en las sensaciones placenteras.