A pesar de que el virus del papiloma humano (VPH) es una de las infecciones de transmisión sexual más comunes en todo el mundo y de que se estima que la mayoría de las personas sexualmente activas contraerán el virus en algún momento de sus vidas, es normal que cuando una mujer recibe un diagnóstico positivo después de realizarse una prueba de detección, se enciendan las alarmas. Sin embargo, lo primero que debes saber es que la mayoría de las infecciones desaparecen o dejan de ser detectables gracias a la respuesta del sistema inmunitario, generalmente durante los primeros dos años.
Existen ciertos tipos de VPH que pueden provocar cambios celulares y, cuando la infección persiste durante mucho tiempo, aumentar el riesgo de desarrollar determinados tipos de cáncer.
¿Cuánto tiempo tarda el VPH en convertirse en cáncer?
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en las mujeres con un sistema inmunitario normal, el desarrollo de cáncer de cuello uterino a partir de una infección persistente por VPH de alto riesgo puede tardar aproximadamente entre 15 y 20 años. Pero este proceso no es igual en todas las mujeres. En algunas personas con sistemas inmunitarios debilitados puede ser más rápido. Por ejemplo, en mujeres que viven con VIH, la progresión puede ocurrir en aproximadamente 5 a 10 años.
Pero debes recordar que la mayoría de las infecciones por VPH no llegan a desarrollar lesiones precancerosas y que, cuando estas aparecen, pueden detectarse y tratarse oportunamente para evitar que progresen a cáncer.
Salí positiva a VPH, ¿ahora qué hago?
Si acabas de realizarte una prueba de detección y saliste positiva a VPH, lo más recomendable es consultar a tu ginecólogo para que, dependiendo del resultado, determine si necesitas estudios adicionales, tratamiento o simplemente seguimiento. Es importante distinguir entre el Papanicolaou, que permite detectar cambios anormales en las células del cuello uterino, y la prueba de VPH, que identifica la presencia del virus. En ocasiones, ambas pruebas se realizan al mismo tiempo.
Aunque actualmente no existe un tratamiento que elimine directamente el VPH, sí existen procedimientos para tratar las lesiones que puede provocar y evitar que evolucionen a problemas más graves. Uno de ellos es la crioterapia, un tratamiento local que utiliza temperaturas extremadamente bajas para destruir determinados tejidos anormales del cuello uterino. Sin embargo, no todas las lesiones pueden tratarse mediante este procedimiento y su aplicación depende de una valoración médica. Durante la crioterapia es posible experimentar cólicos, presión o molestias similares a las menstruales. Algunas pacientes presentan pocas molestias, mientras que otras pueden experimentar dolor durante el procedimiento.
Lo más importante es recordar que tener VPH no significa que necesariamente necesites una intervención médica ni que vayas a desarrollar cáncer.
¿Cómo reducir el riesgo de desarrollar cáncer por VPH?
La vacunación contra el VPH es una de las herramientas de prevención más importantes y eficaces, ya que protege frente a varios de los tipos del virus asociados con el desarrollo de cáncer. Además, es fundamental que acudas a tus revisiones ginecológicas periódicas, incluyendo la prueba de VPH o el Papanicolaou.
Aunque recibir un diagnóstico positivo puede generar preocupación, es importante recordar que la mayoría de las infecciones no se convierten en cáncer.