La mujer y el empoderamiento

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La opinión de Claudia Rodríguez Acosta, psicoanalista

A lo largo de la historia se ha colocado a la mujer en un lugar relegado y secundario, se le ha llamado: loca, bruja, histérica y muchos más adjetivos que la devalúan y la agreden. Esto no ha sido propio de los hombres, sino que las mismas mujeres han permitido y ejercido esta violencia o bien, han adoptado ese rol de sumisión, agresión y rechazo de lo femenino. Una de las disciplinas que llega a darle la palabra a las mujeres, es el psicoanálisis, no sólo lo hace con ellas, sino con aquellos llamados “locos” y con los niños. Sigmund Freud se interesa por el estudio de los síntomas “histéricos”, en los que a pesar de haber un padecimiento físico no existe ningún daño real a nivel corporal, él, escucha a estas mujeres, ellas hablan y al hacerlo, sus síntomas desaparecen. A pesar de dedicar una vida al estudio de la sexualidad femenina, Freud describe a la mujer como “el continente negro”, hay mucho de misterio en lo femenino, un territorio desconocido y fascinante, pero también explotado y rechazado, tal vez por sentirse peligroso y diferente. Desde hace algunos años, se han hecho esfuerzos por lograr condiciones igualitarias de respeto, oportunidades de empleo, sueldos, servicios de salud y derechos en general para hombres y mujeres, sin embargo, no ha sido fácil ya que en algunos lugares sigue fortaleciéndose el rechazo a lo femenino (misoginia, violencia contra la mujer, feminicidios, etc.) este rechazo surge desde la infancia, desde lo particular de cada historia y desde la cultura. Por otro lado, en el intento por lograr equidad, se ha pretendido borrar las diferencias y se ha entendido el empoderamiento como una “masculinización”. Finalmente, en ambos casos, hay un rechazo de lo femenino, colocándolo en un lugar que no vale la pena ocupar. Sin embargo, si lo pensamos, lo femenino no tendría por qué ser menospreciado, es del cuerpo de la mujer de donde parte la vida (con la participación del hombre, por supuesto), dentro de ese vientre lleno de misterio y de fertilidad. La mujer puede ser madre y al mismo tiempo desear y ser deseada como mujer, puede ocupar puestos públicos y compaginar esto con su vida de esposa y madre, puede decidir sobre su cuerpo y sobre su vida, el problema no es que no pueda, sino que en muchas ocasiones es juzgada, limitada y sometida. Es necesario que las mujeres se coloquen en un lugar valioso, cada una con sus diferencias. El empoderamiento del que tanto se habla, no tendría por qué borrar al hombre ni promover que la mujer se masculinizara, mucho menos tiene que ver con pensar que cada mujer se basta a sí misma. Sí se trata de vivir en un mundo menos “maltratador” habría que empezar por reconocer a hombres y mujeres con aquello que pueden aportar, cada uno a su modo, en las relaciones y en su forma de ver la vida, con sus partes masculinas y femeninas. El empoderamiento tiene que ver con que las mujeres accedan a un lugar respetado y valorado, no solo por los hombres sino por ellas mismas, y para esto habría que pensar cuál es el proyecto de vida que cada una quiere, independientemente de los juicios y opiniones de los demás. Empoderarse es colocarse en un lugar de fortaleza y la fortaleza incluye poder sentirse vulnerable sin desbordarse; poder amar sin sacrificar la vida y sin someterse; poder decidir sin culpa. Relacionado: Los 10 mejores alimentos para mujeres que no pueden faltar en tu dieta

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