Hablar de fertilidad suele reducirse a lo biológico, a la edad o a diagnósticos médicos, pero en la vida real, el cuerpo responde todos los días a decisiones mucho más pequeñas y aparentemente inofensivas. Hábitos que se repiten sin cuestionarse —cómo dormimos, qué comemos, cómo trabajamos o incluso cómo nos relajamos— pueden influir en el equilibrio hormonal y en la salud reproductiva tanto en mujeres como en hombres.
Estos son los 8 hábitos cotidianos que pueden afectar la fertilidad. Algunos tienen respaldo científico más sólido que otros, y por eso aquí los abordamos con matices, contexto y sin alarmismos.
Social drinking (consumo social de alcohol)
Beber solo los fines o en contextos sociales suele percibirse como inofensivo, sin embargo, el consumo frecuente de alcohol puede interferir con la ovulación, alterar niveles hormonales y afectar la calidad del esperma. No se trata de demonizar una copa ocasional, sino de entender que la regularidad importa más que la cantidad aislada.
Ayunos prolongados o mal planificados
El ayuno intermitente no es negativo por definición, pero cuando se prolonga sin supervisión o se combina con una ingesta calórica insuficiente, puede enviar al cuerpo señales de escasez. El organismo, en modo supervivencia, prioriza funciones vitales y puede poner en pausa procesos reproductivos.
Uso constante de cosmética con ingredientes potencialmente tóxicos
Algunos productos de uso diario contienen disruptores endocrinos, sustancias que pueden interferir con el sistema hormonal. No significa que debas tirar todo tu neceser, pero sí revisar ingredientes y reducir la exposición acumulativa cuando sea posible.
Dormir poco o mal de forma crónica
La falta de sueño afecta directamente la regulación hormonal. Dormir menos de lo necesario de forma habitual puede alterar la producción de hormonas clave relacionadas con el ciclo menstrual y la fertilidad masculina. El descanso no es un lujo, es una función biológica esencial.
Exceso de ejercicio sin recuperación
Mover el cuerpo es positivo, pero entrenar en exceso, sin descanso adecuado ni nutrición suficiente, puede generar estrés físico. En mujeres, esto puede provocar irregularidades menstruales; en hombres, afectar la producción de esperma. El equilibrio vuelve a ser la palabra clave.
Dieta pobre en antioxidantes
Una alimentación baja en frutas, verduras y grasas saludables limita la ingesta de antioxidantes, fundamentales para proteger las células reproductivas del daño oxidativo. No se trata de “superalimentos”, sino de variedad y constancia.
Ser workaholic
Vivir en estado de estrés constante eleva los niveles de cortisol, una hormona que puede interferir con otras funciones hormonales. Trabajar sin pausas, sin límites claros y sin espacios de recuperación también impacta al cuerpo, aunque no siempre se note de inmediato.
Consumo excesivo de cafeína
La cafeína, en cantidades moderadas, suele ser segura. El problema aparece cuando se convierte en sustituto del descanso o se consume en exceso. Algunos estudios sugieren que altas dosis pueden estar asociadas con dificultades reproductivas, especialmente en mujeres.