Si te la pasas aplicándote bálsamo cada 5 minutos y sientes que tus labios están peor, no es tu imaginación, es el “efecto rebote”, y aquí está la verdad: podrías estar saboteando tu propia hidratación sin saberlo.
¿Qué es el efecto rebote?
Es una reacción compensatoria del cuerpo donde, tras suspender un producto o tratamiento, los síntomas regresan con mayor intensidad que al principio. En el caso de los labios, ocurre cuando un bálsamo irritante elimina la grasa natural, obligando a la piel a resecarse aún más para pedir otra aplicación.
Los errores más comunes que todas hemos cometido
Usar bálsamos con “falsa frescura”
Muchos productos económicos tienen mentol o alcanfor, que dan una sensación de frescura pero son irritantes que eliminan las capas protectoras de la piel, obligándote a aplicar más producto en un ciclo infinito de resequedad.
El vicio de lamerse los labios
Cuando sentimos los labios secos, el instinto es humedecerlos con saliva. ¡Error! La saliva contiene enzimas digestivas que son demasiado ácidas para la piel de los labios, lo que acelera la evaporación del agua y los deja más agrietados que antes.
Abusar de las fragancias y sabores
Esos bálsamos que huelen a fresa o vainilla suelen tener fragancias sintéticas que causan micro-inflamación. Si tu barrera cutánea ya está sensible, estos ingredientes son como echarle sal a una herida.
El ingrediente que lo cambia todo
Si quieres unos labios suaves de revista, empieza a buscar ceramidas o ácido hialurónico en la etiqueta. Las ceramidas actúan como el “pegamento” que mantiene las células de la piel unidas, reparando la barrera desde adentro.
Tip extra
Aplica un poco de tu suero hidratante facial en los labios antes de dormir y “séllalo” con una capa de vaselina pura. Te vas a acordar de Cosmo mañana cuando despiertes con labios de seda.