Estás a mitad de una sesión intensa, cambias de posición y, de pronto, un sonido inesperado rompe el clímax. Sí, hablamos de los famosos queefs o “gases vaginales”. Este ruido es mucho más común de lo que imaginas y no tiene nada que ver con tu higiene o tu digestión. Es momento de dejar de normalizar la vergüenza y empezar a entender cómo funciona tu cuerpo cuando la pasión sube de tono.
¿Qué son exactamente y por qué ocurren?
A diferencia de los gases intestinales, estos no son producto de la fermentación de alimentos, sino simplemente aire atrapado. Durante la penetración, ya sea con pene, dedos o juguetes, o el objeto actúa como un pistón que empuja aire del exterior hacia el fondo del canal vaginal. Cuando cambias de ángulo o hay un movimiento brusco, ese aire sale a presión y hace vibrar las paredes de la vagina, creando ese sonido tan característico. Es física pura, no una función corporal “sucia”.
¿Por qué no debes avergonzarte y cómo manejarlo?
Es 100% normal y, de hecho, es una señal de que hay una buena dinámica de movimiento y fricción. No tiene olor porque es aire del ambiente, así que no hay razón médica para el drama. Si te pasa, la mejor forma de manejarlo es con humor y naturalidad. Reírse del momento con tu pareja no solo rompe la tensión, sino que aumenta la confianza y la conexión.
Si notas que te sucede con demasiada frecuencia y te incomoda, podrías considerar fortalecer tu suelo pélvico con hipopresivos para mejorar el tono muscular; pero recuerda: mientras haya movimiento, el aire siempre encontrará una salida. ¡No dejes que un ruidito te saque de tu zona de placer!