A veces sabemos perfectamente que una relación ya no nos hace bien, pero aun así hacemos todo lo posible por evitar que termine. Contestamos sus mensajes aunque nos haya lastimado, buscamos explicaciones para sus cambios de actitud y nos convencemos de que, si damos un poquito más, quizá finalmente recibiremos lo mismo de vuelta. Pero hay algo que vale la pena preguntarte: ¿cuánto de ti estás dejando en el intento de que alguien no te deje?
Cuando una relación depende únicamente de tu esfuerzo, probablemente no estás construyendo un vínculo; estás intentando mantenerlo a flote tú sola. Y aunque soltar puede dar muchísimo miedo, sobre todo cuando existe la posibilidad de perder a alguien que todavía quieres, a veces la decisión más amorosa contigo misma es dejar de luchar. Así que sí: deja que te pierda. No como una estrategia para que vuelva corriendo, ni para provocar que te extrañe. Hazlo porque mereces una relación en la que no tengas que convencer a alguien de quedarse.
Por qué debes permitir que un hombre te pierda
Deja que descubra lo que significa no tenerte siempre disponible
Esa versión de ti que contestaba inmediatamente, hacía espacio en su agenda y encontraba una excusa para volver después de cada decepción ya no tiene que existir. No tienes que responder un mensaje que te lastima. No tienes que aceptar una cita cuando todavía estás intentando entender por qué no quiso verte. Y, sobre todo, no tienes que quedarte en un lugar del que llevas meses intentando convencerte de salir. Alejarte también significa darle espacio a tu vida para que vuelva a girar alrededor de ti.
Deja que viva con tu ausencia
Hay una diferencia enorme entre hacer que alguien te extrañe y simplemente dejar de estar donde ya no quieres estar. Si pasas todo tu tiempo intentando evitar que una persona te pierda, nunca descubres qué sucede cuando dejas de sostener esa conexión. Y tampoco le das la oportunidad de experimentar cómo es su vida sin tu presencia. Pero aquí viene la parte importante: no te alejes esperando que te busque. Aléjate porque tú también necesitas descubrir cómo se siente tu vida cuando dejas de perseguir a alguien.
Deja de sostener una conexión tú sola
Una relación necesita dos personas dispuestas a estar, escuchar, cuidar y construir. Si eres tú quien siempre inicia las conversaciones, propone los planes, resuelve los problemas, pide claridad y trata de mantener vivo el vínculo, quizá no estás frente a una relación que necesita más esfuerzo. Quizá estás frente a una relación que necesita reciprocidad. Deja de hacer por dos. Deja de llenar todos los silencios. Deja de convertir cada problema en una misión para salvar la relación.
Deja de vivir con miedo a que te deje
Una de las formas más dolorosas de estar en una relación es pasar todo el tiempo intentando evitar que termine. Porque cuando tu mayor miedo es perderlo, puedes terminar aceptando cosas que normalmente nunca aceptarías: migajas de atención, incertidumbre, falta de compromiso o una relación en la que constantemente te preguntas dónde estás parada. Pero hay algo que cambia cuando dejas de tenerle miedo a la posibilidad de perderlo: si alguien no quiere estar contigo, ya no tienes que convencerlo. No puedes obligar a alguien a elegirte. Y aunque aceptar esto duela, también puede ser profundamente liberador.
Deja de abandonarte para evitar que se vaya
Quizá esta sea la parte más importante de todas. Porque mientras intentabas que él se quedara, ¿quién estaba cuidando de ti?
Vuelve a las partes de tu vida que existían antes de esa relación. Lee ese libro que tienes abandonado. Sal con tus amigas. Camina sin mirar el teléfono cada cinco minutos. Pon tu canción favorita y cántala como si nadie estuviera escuchando. Haz planes que no dependan de si él quiere acompañarte.
Quizá ese sea el verdadero significado de dejar que un hombre te pierda es el siguiente: no esperar a que él se dé cuenta de lo que perdió, sino darte la oportunidad de descubrir todo lo que estabas perdiendo tú mientras intentabas que se quedara.