Lo que más vuelve locos a los hombres durante los besos, según la psicología

La ciencia ya lo investigó: hay cosas específicas que pasan durante un beso que vuelven locos a los hombres. Aquí te contamos qué son y por qué funcionan tan bien.

Lo que más vuelve locos a los hombres durante los besos, según la psicología

Jonathan Knowles/Getty Images

Un beso puede ser muchas cosas: un trámite, un gesto de cariño, una despedida. Pero también puede ser algo que se queda en la memoria por días. La diferencia entre uno y otro no está solo en la técnica aunque importa sino en una serie de factores que la psicología y la neurociencia llevan tiempo estudiando.

¿Qué es lo que realmente vuelve loco a un hombre durante un beso? Esto es lo que dice la ciencia (y lo que probablemente ya intuías).

La iniciativa

Puede sonar obvio pero está más respaldado de lo que parece: que ella tome la iniciativa es uno de los mayores activadores de atracción para los hombres. La psicología evolutiva lo explica como una señal de deseo genuino no hay nada más atractivo que saber que alguien te quiere besar a ti específicamente, sin que hayas tenido que pedirlo o intuirlo. Ese primer movimiento tuyo puede cambiar toda la dinámica.

La presencia (o sea, estar de verdad ahí)

Un beso en el que ella está mentalmente en otro lado se siente. Y un beso en el que está completamente presente con los ojos cerrados, sin tensión, sin prisa se siente también, y de una manera completamente diferente. La presencia plena activa el sistema nervioso de una forma que ninguna técnica puede replicar. Estar ahí es, paradójicamente, lo más poderoso que puedes hacer.

El sonido

Los estudios sobre excitación y respuesta sensorial confirman que el sonido juega un papel enorme durante el contacto físico. No hace falta exagerar nada de hecho, lo forzado se nota y arruina el momento pero un sonido suave, involuntario, que se escapa solo, activa respuestas neurológicas muy fuertes. Es de los estímulos más difíciles de ignorar.

Las manos

Un beso con las manos quietas es un beso a medias. Que ella ponga las manos en el cuello, en la cara, en el pecho, donde sea comunica una cosa muy clara: que está involucrada, que quiere más, que no es un beso de cortesía. La psicología del tacto muestra que el contacto simultáneo en distintas zonas multiplica la respuesta emocional y física de forma significativa.

La variación de ritmo

El ritmo constante es predecible, y lo predecible cansa rápido. Un beso que cambia de velocidad que a veces se hace lento, que para un segundo, que retoma con más intensidad crea anticipación. Y la anticipación, neurológicamente hablando, es casi tan poderosa como el estímulo mismo. El cerebro llena los espacios en blanco con deseo.

Que ella también disfrute

Esto no es menor: los hombres son muy sensibles a las señales de placer de su pareja. No porque sea un tema de ego bueno, no solo sino porque el placer compartido activa los sistemas de recompensa del cerebro de forma bilateral. Saber que el otro también lo está pasando bien intensifica la experiencia de forma considerable. El disfrute genuino es, en muchos sentidos, el ingrediente más irresistible de todos.

Un beso memorable no requiere haber tomado un curso ni leer un manual. Requiere presencia, intención y las ganas reales de estar en ese momento. Lo demás viene solo.

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