Hay relaciones que no se borran ni con días, meses o años. Existen vínculos tan intensos que, aunque parezca, nunca desaparecen del todo. Quizá han pasado tres, cinco, diez años. Ya no revisas sus redes, dejaste de preguntarte qué habría pasado si las cosas hubieran sido diferentes y probablemente ambos han tenido otras relaciones. Pudiste seguir adelante y su recuerdo ya no duele. Pero entonces, después de mucho tiempo, un día lo ves. Y durante unos segundos ocurre algo rarísimo: reconoces inmediatamente su forma de caminar, su voz te resulta familiar y aparecen recuerdos que jurabas que ya estaban archivados. Su loción se cuela en tus recuerdos y la nostalgia se hace presente.
Quizá incluso sientes nervios. Y la pregunta inevitable llega después: ¿por qué sentí todo eso si creía que ya lo había superado?
Pero debes saber algo: que tu cerebro reaccione al reencontrarse con alguien que amaste no significa necesariamente que sigas enamorada. Puede significar algo mucho más interesante: acabas de encontrarte cara a cara con una parte importante de tu propia memoria autobiográfica.
¿Qué pasa en tu cerebro cuando vuelves a ver a alguien que amaste después de años?
Tu cerebro lo reconoce antes que tú
Antes de que pienses demasiado las cosas, tu cerebro ya pudo haber recordado todo sobre esa persona. Cuando alguien formó parte importante de nuestra vida, su cara, su voz, ciertos lugares, canciones, olores y experiencias pueden quedar asociados a una enorme cantidad de recuerdos autobiográficos. De acuerdo a diversos estudios sobre memoria emocional, recordar experiencias importantes involucra una red en la que participan regiones relacionadas con la memoria y la emoción, como el hipocampo y la amígdala. Además, recuperar un recuerdo emocional puede hacer que parte de aquella emoción vuelva a experimentarse en el presente. Por esa razón puede sentirse tan familiar volver a verlo después de años: tu cerebro te lleva a recuerdos que ya habían sido “abandonados” hace mucho tiempo.
Pueden regresar recuerdos que ni siquiera sabías que conservabas
Es posible que cuando vuelvas a ver a esa persona después de mucho tiempo, no solo recuerdes la relación y anécdotas que viviste con esa persona, sino también quién eras tú cuando estabas con esa persona. Qué versión de ti existía cuando convivías con él. Cómo te sentías. Cuáles eran tus ideales. Pequeños detalles que parecían completamente olvidados. Esto ocurre porque cada vez que recordamos, reconstruimos partes de una experiencia, y las emociones pueden influir tanto en cómo guardamos los acontecimientos como en la manera en que los recuperamos años después. Así que verlo puede convertirse en una especie de llave que abre una habitación mental que hacía mucho no visitabas.
Su olor puede ser protagonista
El cerebro se pone nostálgico con los aromas. Imagínate que se acerca a saludarte y lleva el mismo perfume: miles de recuerdos se harían presentes en tu mente al instante. Y es que los olores son desencadenantes de recuerdos autobiográficos. Estudios han revelado que las memorias provocadas por olores pueden sentirse especialmente emocionales, vívidas y capaces de generar esa extraña sensación de haber sido transportada nuevamente al momento original.
Durante unos minutos puedes sentir que no pasó el tiempo
De pronto parece que el tiempo se congeló y que no han pasado meses o años desde su separación. Lo conociste tan bien que sus movimientos, su voz y su olor te siguen pareciendo tan familiares como al inicio. Esta sensación es probablemente una de las más extrañas de reencontrarte con un antiguo amor. Lo miras y reconoces pequeños gestos. La manera en la que sonríe. Ese tic que solo tú conoces. Los recuerdos autobiográficos pueden producir una experiencia subjetiva de mental time travel: esa sensación de volver mentalmente a un momento anterior de nuestra vida. Algunos estímulos sensoriales, especialmente los olores y también la música, pueden desencadenar recuerdos emocionales.