El uso de lubricante no está limitado a la sequedad vaginal. Es una herramienta diseñada para potenciar el placer y reducir la fricción en cualquier encuentro íntimo. Según la Dra. Jen Gunter, el lubricante mejora la experiencia al prevenir microdesgarros en la mucosa vaginal y aumentar la sensibilidad, convirtiéndose en un básico del “sexual wellness” más que en una necesidad médica.
Mito vs realidad
Mito: “Si uso lubricante es porque mi pareja no me excita”. Realidad: El cuerpo no siempre produce la misma cantidad de lubricación. Detalles como el ciclo menstrual, el estrés o anticonceptivos influyen. Usarlo es un acto de autocuidado, no falta de deseo.
Mito: “Cualquier aceite sirve”. Realidad: ¡Peligro! Los aceites, como el de coco o bebé, degradan el látex de los condones. Usa siempre base agua o silicona.
Los lubricantes a base de agua tienen una concentración de sales y azúcares similar a la de tus células vaginales; al ser compatibles con tu química natural, no irritan la mucosa.
Ojo: Recuerda que la silicona no se lleva bien con juguetes del mismo material.
Los aceites son solventes. En menos de 60 segundos pueden debilitar un condón hasta que se rompa. El aceite no se disuelve en agua, por lo que lavarlo de la zona íntima es casi imposible. Eso crea una “capa” donde las bacterias se quedan atrapadas, alterando tu flora vaginal y causando infecciones recurrentes.
Mito: “Los de sabores son mejores”. Realidad: El azúcar en los lubricantes de sabores puede alterar tu pH y causar infecciones por hongos. Déjalos solo para uso externo.
El lubricante es el “condimento” del sexo. Pruébalo una vez y te preguntarás por qué tardaste tanto en incorporarlo a tus encuentros de placer.