La sexualidad es muy personal y no suele funcionar de igual manera para todas las mujeres. Mientras que algunas la viven plenamente, hay quienes sufren de anorgasmia, una disfunción sexual que se caracteriza por la dificultad recurrente de alcanzar el orgasmo a pesar de una adecuada estimulación y un deseo sexual presente. Sin embargo, la incapacidad de llegar no quiere decir necesariamente que exista esta condición. Puedes estar disfrutando de un encuentro sexual en el que hay deseo, la química está presente y todo parece ir en la dirección correcta… pero justo cuando sientes que estás a punto de llegar al orgasmo, algo cambia y el momento se esfuma.
¿Por qué sucede esto? Te decimos algunos factores físicos y mentales que pueden interferir con el orgasmo sin que siquiera te des cuenta.
6 Cosas que pueden estar saboteando tu orgasmo sin que te des cuenta
Estás preocupada por cómo te ves
¿Eres de las mujeres que prefieren tener relaciones sexuales con la luz apagada por temor a que critiquen tu cuerpo? Este acto íntimo debe involucrar confianza, además de que los hombres se fijan en otras cosas antes que en el aspecto físico, como tu nivel de comodidad, si estás presente o distraída o si te sientes segura de ti misma. Olvídate de avergonzarte de tu físico en la intimidad, esto podría estar afectando tu concentración y por lo tanto, tu capacidad para llegar al orgasmo.
Piensas demasiado las cosas
¿Estoy gimiendo mucho? ¿Estoy muy silenciosa? ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Estoy exagerando? Uno de los mayores enemigos del orgasmo puede estar en tu propia cabeza. Quizá mientras tienes sexo estás pensando si estás tardando demasiado, si te ves bien o si estás satisfaciendo a la otra persona. El problema es que es difícil concentrarte en las sensaciones cuando tu mente está ocupada tratando de descifrar lo que está ocurriendo. Recuerda que para llegar al orgasmo, debes estar completamente relajada.
Te preocupa demasiado llegar al clímax
Muchas personas tienen la idea de que un encuentro sexual no es satisfactorio si no se llega al clímax, por lo que algunas mujeres tienden a presionarse para alcanzarlo. En lugar de concentrarte exclusivamente en experimentar un orgasmo, intenta prestar atención a las sensaciones que estás experimentando durante todo el encuentro.
No estás recibiendo la estimulación que realmente necesitas
No es que tu pareja sea mala en la cama, es que quizá tienes preferencias distintas que no le has externado. Presta atención a la intensidad, el ritmo y la duración que te benefician para alcanzar el orgasmo y comunícaselo a la otra persona, no esperes a que lo adivine.
No te sientes cómoda
También es válido no sentirte en confianza con tu pareja sexual, lo que se traduce a incomodidad y a la dificultad de disfrutar el encuentro íntimo. Si estás preocupada por ser juzgada o si sencillamente no sientes química con esa persona, parte de tu atención permanezca concentrada en esas preocupaciones.
Estás estresada
Si llevas problemas personales a la cama, tu cuerpo no podrá separarlos de lo que estás viviendo. Preocupaciones laborales, económicas y familiares pueden influir en que te sea más difícil relajarte y concentrate en el placer. Por eso, tener deseo sexual no significa necesariamente que tu cuerpo esté preparado para llegar al orgasmo en cualquier momento. A veces quieres tener sexo, pero tu cabeza simplemente está en otra parte.