Pocas cosas son tan frustrantes como querer devorarte a tu pareja y que él solo piense en dormir, o sentirte presionada porque él tiene el motor encendido 24/7 y tú estás en modo avión, o viceversa. El desajuste del deseo es el asesino silencioso de las relaciones largas, pero respira: no significa que ya no se gusten. Es una cuestión de química, estrés y, sobre todo, de comunicación.
La sexóloga de renombre Emily Nagoski, autora de Come As You Are, explica que existen dos tipos de deseo: el espontáneo y el responsivo. El 70% de las mujeres tenemos deseo responsivo. El problema surge cuando esperamos que la pareja funcione igual que nosotras. Según el Instituto Gottman, la clave no es forzar el encuentro, sino aumentar la “intimidad no sexual”. Besos largos, caricias sin meta de penetración y palabras de validación reducen el cortisol y preparan el terreno.
Si quieres saber más sobre los tipos de deseo, te interesa leer “¿Perdiste la chispa? La verdad científica sobre el deseo espontáneo vs deseo reactivo.
La recomendación psicológica para las parejas con deseos discordantes es establecer un “menú erótico”. Si uno está al 100% y el otro al 20%, busquen un punto medio: quizás no hay coito, pero sí sexo oral o simplemente una sesión de masajes sensoriales. La Dra. Esther Perel afirma que el erotismo necesita espacio y misterio; a veces, alejarse un poco de la rutina doméstica es lo único que hace falta para que esas ideas distintas sobre la intimidad dejen de ser un muro y se conviertan en un puente. La negociación sexual es, en realidad, un acto de amor profundo.
Tip Cosmo
Aplica la regla del “No, pero...”. Si no tienes ganas de acción total, di: “Hoy no me siento con energía para eso, pero me encantaría que nos bañáramos juntos”. Mantienes la conexión sin sacrificar tu autonomía.