Celos en la red

Celos en la red

¿Tu chico se la pasa todo el tiempo socializando online con su larga lista de amigos y contactos? Lee, y enterarte de qué puede estar haciendo... y qué hacer tú.

¿Tu chico se la pasa todo el tiempo socializando online con su larga lista de amigos y contactos? Lee este artículo para enterarte de qué podría estar haciendo... y qué puedes hacer tú.

Imagínate lo que sintió Mirna, de 34 años, cuando entró en puntillas al cuarto donde estaba su marido “chateando”, de espaldas a la puerta “Me acerqué despacio y pude leer lo que escribía, aunque mi cerebro tardó en acomodarse y asimilar lo que veía. Era una conversación erótica y muy hot... con otro hombre”, recuerda.

Es un caso extremo, sí, pero forma parte de un fenómeno que alcanza proporciones insólitas en nuestros días. “La internet se ha convertido en la modalidad más común de infidelidad”, afirman Yannick Chatelain, especialista en nuevas tecnologías, y Loick Roche, sicólogo, en su libro In Bed with the Web: Internet et le nouvel adultère (En la cama con la web: la internet y el nuevo adulterio). Aunque,claro, esto es algo que cualquiera puede deducir de la simple existencia cotidiana.

El 26 de agosto del año pasado, los creadores de Facebook anunciaron que habían alcanzado los 100 millones de usuarios (¿leíste bien esta cifra?) Lo más asombroso es que apenas cuatro meses más tarde superaban los 140 millones. Vertiginoso y sorprendente ¿no? Por su parte, MySpace suma 130 millones de usuarios. Si eres una de esas raras criaturas que todavía no se ha integrado a alguna de estas redes sociales o comunidades online, entra a alguna de ellas y vas a entender por qué tantos terminan volviéndose verdaderos adictos. Básicamente, entre sus miembros puedes rastrear a cualquiera que se te ocurra (desde esa compañera de primaria a la que nunca volviste a ver hasta a tu ex, tu jefe, tu novio, o el presidente Barack Obama) y asomarte a lo que muestra de su vida a través de fotos y secciones del perfil. Si te animas a seguir la cadena infinita de friends, puedes chismear sobre quién sigue siendo amigo de quién, quiénes tienen pareja, qué fue de Menganita o quién tiene en su lista a un conocido tuyo. Y, sobre todo, podrás marearte con el intercambio febril de mensajitos histéricos, fotos provocadoras y todo lo que, más allá de la pantalla, no se puede ver... pero se adivina. En pocas palabras, este es el paraíso del seductor compulsivo y, a la vez, el infierno de la celosa obsesiva.

¿Qué pasa si sospechas que tu chico es un “pescador” electrónico que anda por ahí tirando las redes? ¿O qué sucedería si descubres que detrás de su inocente “voy a jugar un rato con la computer” se esconde un infiel virtual? ¿Te parece que exageramos? ¿Es ridículo tener celos de la red? Sigue leyendo para sacar tus propias conclusiones.

¿Me engaña o no me engaña?

Dejemos a un lado el sexo virtual abierto y explícito (webcam y micrófono de por medio), un pasatiempo que, según la firma consultora francesa Netvalue, es practicado en un 80% por los hombres, aunque las mujeres nos estamos sumando cada vez más. Limitémonos a hablar del flirteo: la conversación con la amiguita, la charlita calentona con la ex o el intercambio de mensajes de doble sentido con la compañera de oficina. No importa que las estadísticas aseguren que sólo entre un 15 y un 20% de las relaciones que se entablan en el mundo virtual se trasladan, efectivamente, al real. La pregunta del millón es: que tu hombre chatee de cierta forma con otra mujer, sin que tú lo sepas y sin que estés presente “eso que al parecer medio planeta anda haciendo online”, ¿es infidelidad? La respuesta, en principio, depende de cada uno, y fundamentalmente, de las reglas que hayas establecido con tu pareja. Sin embargo, “la infidelidad se define como un quebranto del pacto que tienes con el otro”, explica la licenciada Ana Baquela, sicóloga. “Y ese pacto, por lo general, no incluye poner el deseo ni el erotismo en un tercero. Entonces, sí puede hablarse de infidelidad aunque no pase a lo físico, por lo emocional o puramente mental”.

Y “mental” es la palabra clave. “Los códigos de la época están modificando el encuentro con el otro (o la otra) que ahora está mediatizado por la tecnología. Es un contacto de otra índole, pero contacto al fin. Si bien por un lado hay una postergación del encuentro real, por el otro entra en juego todo un despliegue de cuestiones imaginarias que, en algunas personas, puede ser aun más erótico y provocar más excitación que el cara a cara”, señala la licenciada Alejandra Marroquín, sicoanalista y coordinadora docente “Esta clase de contactos virtuales son, de hecho, un modo de expresar la sexualidad en el mundo contemporáneo”, afirma. Como se sabe, si hay algo en lo que los seres humanos siempre hemos aplicado la imaginación es en la concepción de nuevas formas de placer. ¿Por qué haríamos la excepción en esta época?

Virtudes (y riesgos) ocultos de la red

“La infidelidad existió siempre, pero la internet facilitalas cosas”, dicen Chatelain y Roche. Esto es así por varios motivos. Primero porque, si bien nunca podrá reproducir las sensaciones de una auténtica experiencia sexual, provee algo que muchas veces es difícil de alcanzar en una relación de carne y hueso: la completa desinhibición. “En la internet vale todo. Puedes ser Dios, asumir cualquier papel”, señala Baquela. “Estás amparado por una pantalla. Cada uno, en su refugio, sin que nadie lo vea, hace lo que le parece. No hay nada que lo refrene o cohíba”, comenta Marroquín. Segundo, el tráfico de imágenes nos sobreexcita a todos. ¿Qué vas a poner en tu perfil para que los demás vean? Tus fotos más espléndidas, puras flores sobre ti. Tu estatura no interesa; nadie tiene por qué enterarse de tu peso ni de que en realidad atraviesas el peor momento de tu vida: puedes ser quien quieres y mostrarte en la forma que desees. “Estamos apresados por lo que es sobrevalorado en esta época: la eterna juventud, la belleza y también lo instantáneo y lo fugaz”, señala Marroquín.

Por último, y quizás lo más peligroso, la internet es un ámbito tentador para la trampa porque es un lugar donde los riesgos no existen. Al menos, en apariencia. Esa falsa seguridad alivia la paranoia que genera, por ejemplo, entrar a un hotel con alguien que no es tu pareja; por eso también da vía libre para animarse a realizar muchas cosas. Pero en realidad, la red está llena de raros especímenes que pueden ser poco confiables e indiscretos. Como si fuera poco, cada vez son más los softwares de fácil uso doméstico que rastrean y almacenan cada paso, cada página, cada diálogo que se mantiene desde una computadora. Hasta existe una industria en crecimiento, la de los genios de la informática, que se especializan en seguir estas pistas: los ciberdetectives. Guiados por los celos y la desconfianza, muchos hombres y mujeres los contratan para averiguar detalles de las actividades que sus parejas desarrollan en la internet. En los Estados Unidos, por loco que suene,la infidelidad virtual ya es causa de divorcios.


¿Celosa, yo?

Si a estas alturas todavía estás frunciendo la nariz, pensando que toda esta fiebre tecnológica tiene que ser una bobería de adolescentes, estás subestimando el fenómeno. Según Chatelain y Roche, “este hecho concierne sobre todo a personas de entre 35 y 45 años; es decir, aquellas que ya tienen una estabilidad, están un poco cansadas de la vida conyugal, buscan algo diferente y no les tienen miedo a las nuevas tecnologías”. Marroquínlo confirma: “Muchos adultos con cierto grado de malestar en sus relaciones encuentran una salida en todo esto: la infidelidad trae una dosis de adrenalina”. Entonces, si tu hombre es un cibernauta empedernido, puede que prefieras adoptar la política de “ojos que no ven, corazón que no siente”.Quizás no te preocupe que use esta válvula de escape y que para ti lo más importante, en definitiva, sea con quién él duerme todas las noches. Incluso podría hasta apretarte algunos botones hot saber que a él lo excita disfrazarse de Superman y salir a flirtear por la web. Esa podría ser la mejor parte de todo esto. "¿Por qué no incluir a la pareja en estos ciberjuegos sexuales? Las parejas con fantasías swinger, por ejemplo, las podrían realizar virtualmente”, anota Baquela.

Ahora, si leer lo anterior te hizo ponerte roja de ira y, más que todo, de celos, entonces las cosas se complican. Como entenderás, es imposible que puedas controlar lo que hace tu chico cuando se queda solo con una computadora... salvo que estés dispuesta a convertirte en una ciberdetective o descifrarle sus códigos secretos, el equivalente a la antigua revisión de los bolsillos a la caza de cartitas o notas incriminatorias. “Estas búsquedas generan sufrimiento, además de ser un gran gasto de energía. Aunque es difícil evitarlo, porque es algo muy compulsivo. Hablarlo con una amiga o un terapeuta te va a hacer sentirmás aliviada”, asegura Marroquín.

Por supuesto, puedes tener motivos reales para sospechar que tu chico te está engañando. “Los celos también son un juego de dos, y si él se pasa todo el día metido en Facebook, algo está sucediendo en la pareja porque él está en otra cosa”, comenta Marroquín. Pero también, y lo que es quizás más importante todavía, podrías estar proyectando una fantasía personal tuya. ¿Cómo explicarlo? “A lo mejor, en el fondo, lo que tú querrías es estar en ese lugar”, explica la especialista. Entonces, más que abrirte una cuenta propia y ponerte a navegar online, sería el momento de reflexionar sobre qué necesitas y qué estás buscando en tu vida... no la virtual, sino en la verdadera.

Si el celoso es él...

...y la que anda haciendo locuras online eres tú, ¡cuidado! Estas son algunas de las formas en que podría seguirte las huellas.


www.chatcheaters.com
ofrece softwares que permiten, entre otras cosas, seguir detalladamente los sitios en la red a los que entró alguien y monitorear programas de mensajería. También tiene artículos que te explican, por ejemplo, cómo ser tu propio detective o cuáles son las señales de que te están engañando online.

El Eblaster es uno de los programas más usados, que te informa todas las actividades que realiza, como navegante, el usuario de la computadora. Ojo: puede instalarse desde otra PC.

Los keyloggers son los peores: estos programitas graban las pulsaciones que se realizan sobre el teclado “es decir, todo lo que escribiste”, las almacenan en un archivo y las mandan vía Internet. Te lo pueden instalar en la compu camuflado (como si fuera un virus indetectable) y ni los teclados virtuales logran evitarlos. Y, ¡qué pesadilla!, hay miles de sitios desde donde se descargan gratis.