Hay algo en el olor de las sábanas de hotel y el aire acondicionado a 18°C que nos transforma. En casa eres la chica que llega temprano a la oficina, pero en la playa con un desconocido, o con tu novio de años, te conviertes en una versión de ti que ni tú conocías. ¿Por qué el sexo de vacaciones se siente tan “sucio”, divertido y hasta prohibido incluso si es legal? La ciencia tiene una explicación y te va a encantar.
La antropóloga Helen Fisher afirma que viajar activa el sistema de recompensa del cerebro de forma única:
La “fuga geográfica”
Al alejarte de tu rutina, tu cerebro apaga el interruptor del “juicio social”. En un hotel nadie te conoce, lo que elimina las inhibiciones y te permite explorar fetiches que en tu cama normal te darían pena.
Novedad = Dopamina
Estar en un lugar nuevo dispara la producción de dopamina, el neurotransmisor del deseo. Esto hace que cada caricia se sienta como la primera vez, aumentando la intensidad del orgasmo.
Cero responsabilidades
Sin platos que lavar ni correos que contestar, tu amígdala se relaja. Un cerebro sin estrés es un cerebro mucho más receptivo al placer extremo. Por eso en vacaciones el sexo dura más y es más experimental.Aprovecha este “reset” cerebral de Semana Santa para probar todo eso que tienes en tu bucket list. ¡Lo que pasa en el hotel, se queda en el hotel y en tu memoria.