4 Miedos que nos impiden amar

4 Miedos que nos impiden amar

Si de pronto sientes pánico de salir con algún chico, puede ser una buena señal

Son dos las fuerzas que mueven al mundo: el amor y el miedo. Por eso, no es raro que cuando empiezas a salir con alguien el miedo se apodera de ti inmediatamente. Cuando de amar se trata hay cuatro principales miedos que nos pueden sabotear la mejor de las relaciones. Pero... ¿cómo reconocerlos?


1. Miedo al abandono
El beneficio: El miedo te ha “ayudado” a ser “independiente” y “libre”.
El costo: Prefieres abandonar, a que te abandonen.
La verdad: Evitas ser herida. Te da pánico encariñarte primero, y que luego te dejen.
La raíz: Este miedo es típico de quien se sintió parcial o totalmente abandonado por alguno de sus padres durante la infancia.


2. Miedo al rechazo
El beneficio: No necesitas la ayuda de nadie, eres autosuficiente.
El costo: Jamás te vas a acercar a alguien que te gusta, mucho menos lo vas a invitar a salir o le vas a hacer un cumplido.
La verdad: Mantienes un círculo social bastante cerrado, y se te complica abrirte a más relaciones.
La raíz: El miedo surge cuando de niña te sentiste juzgada.


3. Miedo a no ser suficiente
El beneficio: Trabajas duro para conseguir lo que quieres. Te gusta siempre superarte y aprender más.
El costo: Haces favores, ayudas y crees que es algo bueno, pero en realidad das de más, o estás acostumbrada a recibir poco para ser aceptada.
La verdad: Piensas que para merecer amor, se debe luchar por él. No crees que te amen sólo por ser tú.
La raíz: Es probable que crecieras en un ambiente extra competitivo, de mucha exigencia y poca recompensa.


4. Miedo a no ser vista
El beneficio: Aprendiste a ser invisible, pasar desapercibida, no llamar la atención, estar callada, básicamente a no causar problemas.
El costo: Estás en una zona de confort que no te permite tomar riesgos.
La verdad: Te sientes parte de una masa, pero no un individuo. Crees que no eres lo suficientemente “original” para que te pasen cosas “divertidas”.
La raíz: Surge en los típicos niños desatendidos, que crecieron en una familia grande, en donde los padres siempre tuvieron otros asuntos que atender.


¿Cómo lo soluciono?
Reconocerlo: Analiza cómo el miedo ha impactado tu vida y no te ha dejado ser quien eres.
Reflexión: Quizás tomaste una decisión influida por el miedo, pero ya te diste cuenta; recapacita sobre qué pudiste haber hecho diferente.
Cambiar el momento: Percibes el miedo antes de tomar una decisión. Te detienes y cambias tu patrón rutinario de decisión.
Integración: El viejo patrón ha sido reemplazado por un nuevo hábito y ahora responderás diferente.

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