Tu ginecóloga debe ser una aliada, no una autoridad incuestionable. Estas son las cinco cosas clave que deberías evaluar.
1. ¿Te escucha sin juzgar?
Tu vida sexual, tus decisiones reproductivas, tus dudas sobre anticonceptivos o incluso tus miedos no deberían generar caras raras ni comentarios moralistas.
Una buena ginecóloga:
- Hace preguntas abiertas.
- Escucha antes de opinar.
- No minimiza tus síntomas.
- No invalida tu dolor.
Si alguna vez te dijeron “eso es normal, aguántate” sin explorar más… red flag.
2. ¿Te explica con claridad (y paciencia)?
La salud ginecológica puede ser compleja: hormonas, ciclos, SOP, endometriosis, métodos anticonceptivos, fertilidad.
Evalúa si:
- Te explica diagnósticos en lenguaje sencillo.
- Te muestra estudios o resultados.
- Responde tus preguntas sin prisa.
- Te habla de riesgos y beneficios de cada tratamiento.
Entender tu cuerpo es un derecho, no un lujo.
3. ¿Respeta tus decisiones?
Ya sea que quieras:
- Usar o no anticonceptivos.
- Congelar óvulos.
- No ser mamá.
- Buscar embarazo.
- Cambiar de método.
Su rol es orientarte con información basada en evidencia, no imponerte una visión personal.
La relación médico-paciente debe basarse en autonomía y consentimiento informado.
4. ¿Se mantiene actualizada?
La medicina evoluciona constantemente.
Una ginecóloga actualizada:
- Conoce nuevas opciones anticonceptivas.
- Está informada sobre salud menstrual integral.
- No perpetúa mitos (como que el dolor incapacitante “es normal”).
- Recomienda estudios solo cuando están justificados.
Si sientes que su enfoque es muy anticuado o desestima nuevas investigaciones, vale la pena cuestionarlo.
5. ¿Te sientes cómoda y segura en consulta?
Esto es clave.
Evalúa:
- ¿Te sientes tranquila durante la revisión?
- ¿Explica cada procedimiento antes de hacerlo?
- ¿Pide consentimiento antes de examinarte?
- ¿Respeta tu privacidad?
La consulta ginecológica es vulnerable por naturaleza. La confianza es indispensable.
Señales de alerta que no debes ignorar
- Minimiza dolor menstrual severo.
- Se burla de tus dudas.
- Hace comentarios sobre tu cuerpo.
- Te presiona para tomar decisiones.
- No respeta tiempos ni límites.
Si algo no se siente bien, probablemente no lo esté.
Recuerda esto
Cambiar de ginecóloga no es traición. No estás exagerando. No eres “difícil”.
Tu salud física y emocional merecen un espacio seguro.
Reflexión final
Tu ginecóloga debería ser alguien que te acompañe en distintas etapas: anticoncepción, sexualidad, embarazo, menopausia o simplemente autocuidado.
La medicina no solo es conocimiento técnico; también es empatía, escucha y respeto.
Y si no encuentras eso en tu consulta actual, tienes todo el derecho de buscarlo en otro lugar.