El 14 de febrero divide opiniones. Mientras algunas parejas planean cenas, viajes o intercambios de regalos, otras lo ignoran por completo. No por indiferencia, sino por decisión. Y esa elección, lejos de ser necesariamente una señal de crisis, puede decir más sobre la dinámica interna de la relación que sobre la intensidad del afecto.
Desde la psicología de pareja, las fechas simbólicas funcionan como rituales sociales. Los rituales fortalecen vínculos cuando ambas personas los valoran, pero cuando uno de los dos los percibe como obligación externa, pueden generar tensión. Investigaciones sobre satisfacción relacional —como las desarrolladas por el psicólogo John Gottman y otros especialistas en vínculos afectivos— señalan que la estabilidad no depende de grandes gestos públicos, sino de consistencia emocional cotidiana.
En ese sentido, no celebrar San Valentín puede responder a varias razones saludables:
La relación no necesita validación externa
Algunas parejas priorizan experiencias privadas frente a demostraciones simbólicas asociadas al calendario. No sienten la necesidad de demostrar públicamente su afecto en una fecha específica porque ya tienen rituales propios durante el año. Esto suele estar vinculado a estilos de apego más seguros, donde la conexión no depende de pruebas visibles.
Rechazo a la presión social
El 14 de febrero viene cargado de expectativas culturales y comerciales. Para ciertas personas, la resistencia no es hacia la pareja, sino hacia la imposición social. Estudios en psicología social muestran que cuando una acción se percibe como obligatoria, pierde parte de su valor emocional. Si el gesto nace del deber, puede sentirse menos auténtico.
Diferencias en lenguajes del amor
Gary Chapman popularizó la teoría de los “lenguajes del amor”, que explica que no todas las personas expresan afecto de la misma manera. Si uno valora regalos o citas especiales y el otro demuestra cariño con actos cotidianos o apoyo práctico, puede surgir una desconexión en fechas como esta. La ausencia de celebración no siempre implica falta de amor; a veces refleja formas distintas de expresarlo.
Evitación emocional (cuando sí es señal de alerta)
También existe la otra cara. Si evitar San Valentín está acompañado de evasión constante de conversaciones afectivas o incomodidad ante cualquier gesto íntimo, podría relacionarse con estilos de apego evitativos. En estos casos, no es la fecha el problema, sino la dificultad para sostener cercanía emocional.
La clave está en la conversación. Las parejas que funcionan no necesariamente celebran todo; negocian expectativas. Si ambos están alineados en no darle importancia al 14 de febrero, la decisión puede fortalecer la sensación de autonomía compartida. El conflicto surge cuando una persona minimiza lo que para la otra sí es significativo.
En última instancia, la psicología coincide en algo: la salud de una relación no se mide por una cena anual, sino por la calidad del vínculo diario. El calendario puede ser simbólico, pero la intimidad real se construye en la repetición de gestos pequeños, constantes y elegidos.
Celebrar o no celebrar es menos relevante que entender por qué se elige cada opción.