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6 Tips para maxificar tu felicidad

De ti depende ver el lado positivo… ¡Te decimos cómo tomar las riendas de tu vida para que no dejes de sonreir!

Dicen que ?lo que no te mata, te hace más fuerte." ¿Te suena? Pues bueno… ¡Es cierto! Ese dicho popular tiene un nombre científico: resiliencia. Platicamos con la doctora Rafaela Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia, sobre cómo sacar toda esa energía positiva aún cuando el mundo, en apariencia, se esté cayendo.

¿Qué es la resilencia?
Es eso que te ayuda a afrontar la vida sin miedo y con confianza en ti misma y en los demás. El término viene de la física; cuando un material es la fuerza de impacto, puede romperse, pero la resiliencia hace que no se deforme y que, además, pueda recuperar su forma original. Según estudios, un tercio de la población tiene esta capacidad especial en sus genes, pues nace con más fortaleza para afrontar los problemas de la vida. Aunque, ojo, no porque alguien tenga dicha cualidad de nacimiento, quiere decir que se hará más fuerte en el futuro. Es como la inteligencia: si no se ejercita, no se desarrolla.

1. ¡Sal de tu burbuja!
A veces, no nos sentimos tan resistentes porque hemos crecido en una sociedad en la que nos sobreprotegen desde la niñez. Nuestros papás quieren que no suframos y que todo lo tengamos resuelto. Para romper con esa burbuja protectora, es necesario enfrentarnos a pequeños retos que nos hagan incrementar la confianza que tenemos en nosotras mismas. Las frustraciones del pasado son las escaleras que nos ayudan a ser más poderosas.

2. Busca en tu interior.
Más que el futuro, lo que nos aterra es fracasar. Tenemos el deseo de ganar muy arraigado, pero es mucho más fuerte el temor a perderlo todo. Cuando vamos desarrollando la resiliencia, lo que aprendemos es que la fortaleza para enfrentar cualquier problema está en nuestro interior. Cuando somos conscientes de todo lo que somos capaces de conseguir, vamos superando pequeños retos que, con el tiempo, se vuelven más grandes. Como cuando nos ejercitamos y primero corremos dos kilómetros; tres meses después, si somos constantes, ya corremos ¡10!

3. Abraza tu dolor y fortalécete.
Si no sufriéramos, seríamos como de plástico. Todos tenemos, en algún momento, que afrontar un suceso doloroso y luego, viene un duelo en el que nos adaptamos a ello. Ser resilientes no implica que nada nos hiera, sino que ese periodo de ?luto? sea más breve y en él logremos perdonar a la vida por no ser como esperamos que sea. No debemos tener miedo de lo que nos pasa; es mejor utilizar nuestros recursos emocionales para afrontarlo y así recuperar la armonía.

4. Valora lo que tienes.
Cuando sufrimos, llegamos a nuestras raíces y, en ocasiones, no nos queda de otra, en esos instantes difíciles, que comenzar a valorar las cosas más simples de la vida. Comienza por agradecer que tienes un cuerpo, una casa, una cama y que siempre hay una persona que te ama y te admira. Después, haz una lista de 20 cosas que te hagan feliz, muy simples, como quedarte más tiempo en la regadera, pintarte las uñas o comer un chocolate, y ponte como meta hacer, por lo menos, cinco de esas cosas al día. A la semana, sentirás la diferencia y verás que tienes más que valorar de lo que piensas.

5. Contágialo.
El deseo de ser feliz es algo natural en el ser humano, pero aferrarnos a controlarlo todo puede llevarnos al desequilibrio, a la frustración y a la incertidumbre. ¿Por qué no comenzar a soltar lo que no depende de ti y, mejor, ser un motor de alegría? Para empezar, todas las noches, antes de dormir, escribe en una libreta ¿qué realizaste hoy por los demás que te hizo sentir bien?, ¿qué hizo alguien por ti que te provocó una sonrisa?, y por último ¿qué hiciste por ti misma que te dio felicidad? Esa sensación de poder propio alejará de tu mente la ansiedad e irá enseñándote el camino. ¡Tú puedes!

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