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Zona de Confort: ¿Por qué salir de ahí?

Es seguro que habrás escuchado en miles de lugares que abandonar el nido es lo mejor, incluso alguna vez fue el tema de conversación con tu pareja, con tus amigos, en tu trabajo y con tu familia, y quizás en Cosmo lo mencionaos un par de veces, pero para la generación conocida como millenials, representa todo lo contrario: La idea de dejar atrás su zona de confort es impensable y queríamos entender más al respecto para poder dar el mejor consejo posible de acuerdo con tus necesidades. Spoiler alert: No es necesario dejar el nido, el truco es hacerlo más grande.

«Todo parece indicar que mientras te mantengas en tu famosa ‘zona’ no pasará nada. Es probable que tu vida parezca una línea recta sin fin, lo más parecido a la emoción de vivir tu vida radicará en sentir que estás en una pista en apariencia infinita. Pero, cuando por fin dejas atrás tu zona de confort, te comenzarán a suceder cosas increíbles, verás la vida de una forma diferente, aceptarás que existe una ‘vida real’ y que está acompañada de muy buena música… No sé, en realidad no lo creo, incluso si logramos entender lo superficial y estimulante de estas declaraciones, no estoy interesado en intercambiar ‘mi zona’ por la promesa de que la vida comienza afuera, que existirán cosas que importan y que antes de salir no tenían ninguna relevancia”.

Así escribe en su blog el viajero Claudio Giovenzana, que podría ser todo menos una persona perezosa: es psicólogo, escritor y dejó la carrera clínica para vivir viajando. Y no es el único que está cansado de que digan que la vida se encuentra “fuera de la zona de confort”.

Para él, se trabaja con lo que se tiene y no con lo que otros tienen, “si la vida te da limones… haz tu propia limonada”, pensémoslo así. Creemos tener la razón siempre aunque no sepamos las causas ni las consecuencias, estar informados es lo que nos da movimiento y este tiene que ser indiscriminado, aunque por lo regular lo que la gente llegue a pensar pueda llevarnos a un agotamiento extremo en lugar de la felicidad.

Quizás es el momento en el que todos tengamos que considerar el concepto “zona de confort” con más profundidad, con un respeto total por nuestro mundo personal. Por ejemplo, en un lenguaje científico, este concepto podría ser equivalente a mantener una temperatura óptima, pero en lo relacionado con el liderazgo y la motivación se orienta hacia el concepto de “estamos en una jaula en la que nos saboteamos unos a otros y a nosotros mismos”, porque aprendimos que si nos sentimos cómodos no haremos más nada y no nos obligaremos a hacer nuestro mejor esfuerzo.

En cambio, probar un nivel de ansiedad decente siempre se ha considerado importante para mejorar nuestro rendimiento; sin embargo, la revista estadounidense Anxy Magazine nos dice que en el 2017 la Universidad Leicester concluyó que no hay evidencia empírica para respaldar esta tesis. ¿Quieres ver todo lo que podemos lograr sin entrar en un modo de estrés? Descúbrelo.

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HISTORIA DE VALERIA F. 28 AÑOS

“Vivo en un pequeño pueblo y Milán siempre me ha parecido una ciudad impresionante, donde básicamente todo me sucedió, esas circunstancias que jamás
te imaginarías y que hacen que tu mundo se ponga de cabeza. Sara es una de mis mejores amigas y en su Instagram publicaba todo lo que le pasó cuando se mudó a Milán; veía cómo sus historias estaban llenas de hermosos paisajes, de anécdotas únicas, de gente nueva y, en definitiva, en comparación con mi estilo de vida, el suyo era mucho más interesante, lo admito, y me deprimí un poco, bueno, bastante.

Tenía un trabajo en una agencia de comunicaciones muy bueno y me gustaba lo que tenía: un novio, amigos, lugares favoritos, todo lo que podría desear. Cuando Sara me dijo que existía un lugar para mí en Pierre, me sentí halagada. En ese momento el pánico se apoderó de mí. Una pequeña voz interior me susurraba: ‘Ten cuidado, ese no es un trabajo para ti, requiere un nivel de confianza que no tienes, necesitan a una persona extrovertida y la verdad es que eres algo perezosa y solitaria.

¿Qué harás con tus amigos, tu novio y tu familia?’. Y por otro lado una fuerte voz me gritaba (creo que era la voz de Sara): ‘Darías un enorme salto, si no te pones a prueba siempre estarás en el mismo lugar, siempre te dices ¡no crezcas!, no sigas’. Es el momento de no escuchar esa voz, sigue avanzando. Tienes que seguir obteniendo experiencias, experiencias nuevas, salir del nido, aumentar tu autoestima, abrir tu mente y extender tus palabras.

Podría decir que en un principio no escuché a todos los que me decían en ese momento: ‘¡Tienes que salir de tu zona de confort!’. Milán al final del día era Milán y sabía que una oportunidad como esta no se repetiría… Así que me arriesgué, salté y acepté. El resto lo haré bastante breve: días, tardes y noches intenté adaptarme, me aferré a la idea de que estar en esta ciudad era lo que quería y al final del día siempre regresaba al mismo punto, una ansiedad enorme se apoderaba de mí.

Sentía que el ritmo de vida en Milán era bastante diferente a lo que estaba acostumbrada. Incluso los psicólogos me recordaban día a día todo lo que me afectaba; era demasiado, quería regresar justo por la puerta por la que entré, me sentía fuera de lugar, estresada y quizás en un punto sentía que no podía arreglármelas sola.

Recordaba los días con mis amigos, mi pareja, mi familia y pretendía que todo estaba bien, quería ponerme al día con todos mis amigos, saber qué era lo que pasaba en sus vidas, quería abrazar a mi familia, quería ir a tomarme una taza de café al lugar de siempre. La ciudad era inmensa y podía ver en muchas de las caras con las que me tropezaba por la calle que estaban totalmente felices y satisfechas de vivir en la ciudad, lo que me hizo sentir culpa por mi incapacidad para disfrutar lo que estaba viviendo.

Es algo que sabía, pero me negaba a aceptar, comprendí casi de inmediato que este lugar en realidad no era para mí, que aquella atmósfera glamurosa y estimulante no era suficiente. Sin embargo, pude hacerlo bien porque soy una nerd y siempre intento comprometerme aunque tenga que hacerlo sobre un camino inviable. ¿Esto es en realidad lo que quiero para mí? Recuerdo un fin de semana en el que por fin pude volver a los brazos de mi novio y estando los dos de lo más felices, la simple idea de que pronto sería lunes me arruinó toda la magia.

Me sentía culpable, como una perdedora. Luego de las consultas y de pasar un día con una máquina conectada a mi corazón, los médicos determinaron que los síntomas que tenía no pertenecían a algún malestar físico y sí a una falta de tranquilidad y paz mental.

No tenía nada, lo único que necesitaba era encontrarme a mí misma y regresar a vivir bajo mis propios términos. Sara me acompañó durante todo este proceso ‘esperanzada, perpleja y perturbada’, y en un mar de lágrimas. Recuerdo haberla visto cuando preparaba un té de manzanilla para calmar su taquicardia, mientras veía esta escena, me repetía una y otra vez que tenía que mantenerme y soportar de todo para poder llegar a donde quería. ¿Llegar a dónde? ¿Estar donde no quería estar? Sentía que nada de esto valía la pena. Al día siguiente llené el carrito como pude y me regresé a mi miniciudad. Decidí mejorar mis habilidades, sí, para ser mejor y más competitiva.

Hoy en día sé que amo lo que hago en un lugar donde realmente me fascina vivir. Aprendí a calibrar bien cada una de mis ambiciones, a eliminar aquellos filtros mentales de las fotos de las redes sociales con las que solía soñar y a aprender más sobre mí misma y mis necesidades reales. Fue el resultado de una dura experiencia, pero sí pude lograrlo en beneficio de mi salud”.

NO ES UN ESPACIO PARA PERDEDORES

Es común que en algún momento seamos casi forzados a abandonar “nuestras zonas de confort” bajo el argumento de una realización personal. “La zona de confort no es un espacio para los perdedores que temen al mundo, no es un lugar desde el que podrás mirar con cierto morbo y envidia las cosas bellas que parecen estar siempre afuera.

A menudo las redes sociales ficticias te incitan a ser diferente a lo que en realidad eres”, dice Claudio Giovenzana. “Es un lugar donde estás bien y puedes decidir qué direcciones futuras tomarás, incluso si son difíciles, y puede incluir un sofá o tus deseos, un televisor o algunas obras, libros o muchos cuentos, una red o un proyecto por realizar.

Además, hay personas que viven en una zona de confort bastante agitada, llena de tareas y desafíos, quizás rutinas interesantes que re- piten todos los días, como deportes, paseos por el campo, juegos con los sobrinos, voluntariado… Y también hay quienes lo usan como terapia, estar en una zona de confort siempre ayudará a que sea más fácil tener un escape de nuestra propia existencia para llenarnos de sueños mucho más brillantes y sobre todo apacibles.

Podría decir que los verdaderos prisioneros son aquellos que sueñan con la libertad en la forma en que se establecen las tendencias, que tienen que abrirse camino e inevitablemente hacer negocios o algún tipo de revolución, personas que se ven obligadas a generar cierto tipo de aprobación. Es como saltar directo a un precipicio en el que solo tendrás una oportunidad para llegar “más allá” sin siquiera tener claro cuál es la mejor manera de hacerlo.

La mayoría de las personas creen que dejar su zona de confort es justo lo que les dará este impulso, pero en realidad ¿a dónde quieres llegar?; una vez que salen de ella ¿logran todo lo que quieren?”.

Existe un mantra que escuchamos por todos lados “¡sal de tu zona de confort!” y todo parece indicar que se ha convertido en la fórmula perfecta para alcanzar el éxito. “En los últimos años, la idea de crecimiento personal estaba basada en gran medida en la necesidad de cambiar y en tener un modelo preciso: la persona exitosa que es extrovertida, productiva, tiene muchos amigos, le ha ganado la batalla a sus temores”, explica la socióloga Marina Innorta, autora de la novela La rana hervida: una historia de ansiedad, ataques de pánico y cambio en su blog personal.

“Tener seguridad, un buen sentido del humor, no ser demasiado emocional, corresponde a la figura de quiénes son buenos promocionándose. Se ha convertido en un ideal de personalidad al que todos parecen aspirar. Más tarde se hizo evidente que estaba exagerado. En los Estados Unidos, ha habido un debate sobre el concepto de autoestima llevado al exceso, y quedó claro que estaba empezando a entrometerse y a recompensar a una personalidad más agresiva y acosadora. Ahora, gracias a la expansión de la mentalidad, tenemos una idea más dulce, más profunda y más respetuosa del crecimiento personal porque se basa en el concepto de la aceptación”. Qué alivio…

EL CRECIMIENTO REAL ES –HOY– LA BÚSQUEDA DE UNO MISMO

Más que tener un modelo y tratar de adaptarnos a eso, debemos aprender a superar todos nuestros miedos o intentar abandonar las cosas que más disfrutamos o que más nos gustan pero que nos perjudican; la verdad es que hasta aquí nos ha quedado claro que es más útil y agradable ampliar el concepto de una zona de confort.

Entendemos que no es solo estar acostada e ir de shopping (¡actividades que no estamos dispuestas a abandonar!), sabemos que nuestras actividades, nuestra personalidad y todo lo que conlleva es parte de este mismo estado o zona de confort: “El mito que existe corre el riesgo de convertirse en un sustituto de la investigación personal. Por ejemplo, seguro un consultor, un psicoterapeuta, etc., nos diría algo similar a ‘Sé lo que siempre quisiste ser, una persona saludable, hermosa y centrada.

Conviértete en un modelo a seguir’. Por increíble que parezca existen quienes nos conocen mucho mejor de lo que creemos conocernos a nosotros mismos. Hay personas que sabemos, siempre estarán para ayudarnos, un amigo que nos ayudará a estudiar para un examen, aquellas que nos pueden hacer un vestido, sí, así es, existen y nos rodean día con día y, sin embargo, debemos tener en cuenta que cualquier tipo de cambio o actitud que queramos realizar en nuestra vida dependerá siempre de nosotros mismos.

Aunque a veces lo hagamos sin percatarnos de ello a menudo nos deslizamos en un laberinto de espejos, en el que caminamos a ciegas. Dicho esto, puedes izar las velas y aventurarte en las corrientes, pero jamás te olvides de tomar el timón”, recomienda Giovenzana.

Habla con nosotros mientras prepara su mochila para su siguiente travesía: “Mis viajes son parte de mi zona de confort. Desde un punto de vista físico, carezco de mucho confort, pero estoy totalmente cómodo con este estilo de vida. La zona de confort también se dedica a activar ciertos ta- lentos, poniéndolos a trabajar siguiendo tus propias pasiones y estas son sin lugar a duda parte de esta zona.

Nuestra zona de confort es lo que nos brindará seguridad y nos ayudará a que tengamos una personalidad más sólida, agradable y, sobre todo, muy propia, sin importar el lugar en dónde te encuentres.

Siempre procuro apuntar con mi dedo a una dirección, esa que no tiene límites y sé que siempre puedo llegar “más allá” mientras siga siendo impulsado por los sentimientos de no querer llegar a ser/hacer lo que hacen los demás.

Si nos dejamos llevar por esta ola de personalidades impuestas lo más probable es que terminemos en un pantano lleno de perfeccionismo, con efectos y defectos paradójicos, como escribe Brené Brown en The Gifts of Imperfection: ‘La expresión esencial se refiere a todas las oportunidades que perdemos, porque somos demasiado asustadizos para compartir con el mundo algo que podría ser imperfecto.

También se refiere a todos los sueños que no perseguimos debido a nuestro profundo temor de cometer errores y desilusionar a otros’. Por lo tanto, en un ansioso intento de alcanzar lo inalcanzable, dejamos de intentar poner en práctica los talentos que ya tenemos: a los que considero particularmente preciosos porque forman parte de nuestra zona de confort, y, al mismo tiempo, son el pase que nos conecta con el mundo”.

ACEPTA LO QUE ERES PARA CONVERTIRTE EN LO QUE QUIERES

Tener un “refugio seguro” en tu propia zona de confort es muy importante, en especial si eres de aquellas personas que tienden a cerrarse mucho e intentan evitar lo inesperado. Porque incluso para todos, un período de calma perfecta, tarde o temprano hará que la experimentación de nuevas cosas se vuelva un asunto de máxima prioridad.

Siempre existirá la necesidad de abrir una ventana para dejar entrar nuevos aires. Contar con una base segura a la que se puedas regresar cuando uno mismo lo desee ayudará a que nuestros sueños y deseos no se sofoquen: “Nuestra necesidad por la seguridad es satisfecha por nuestra zona de confort, y es recomendable que sea escuchada cuando se necesita. Aprendemos cuando forzamos nuestros límites”, dice Innorta.

“Así que es bueno salir de esa modalidad, pero para hacerlo se tiene que comenzar con la aceptación de lo que somos y de lo que nos gusta. Debe ser algo suave y gradual. El punto es: acepta lo que eres para convertirte en lo que quieres. No se puede cambiar a partir de atacarse a uno mismo o de un enfoque violento: ‘Tengo que ser más sociable, más alegre y comunicativo’, no es una obligación hacerlo de un momento a otro, lo primordial es conocer y aceptar tu naturaleza y solo cuando encuentres lo que quieres, ir y conseguirlo, sabiendo que siempre puedes regresar a un área que te resulta familiar y segura, donde puedas descansar, seguir deseando, soñando y analizando los caminos que sean correctos para ti”.

Es un malentendido cuando pensamos que la zona de confort es un sinónimo de quedarse inmóvil: “En un intento por simplificar las reglas de la vida, hemos reducido el tiempo de ocio/trabajo en compartimientos estancos, y en este sentido, la comodidad se ha convertido en el sentido más propio de no hacer nada”, explica la psicóloga Katia Vignoli.

“Hacer algo es natural y nos da bienestar. Es el antídoto para pensar y para meditar, tan es verdad que la palabra otium podría significar la ausencia de pensamientos, no de acción. Un clásico: te sientas con la idea de no hacer nada, y en realidad, estás meditando sobre lo que tendrás que hacer, no descansarás y todo se volverá agotador”. Como dice Giovenzana: “viajar no solo requiere salir de una zona de confort, sino de repensar el propio confort”.

VE Y VUELVE, ES TAN FÁCIL COMO RESPIRAR

Si tienes la determinación para construir el mundo que quieres, en lugar de abandonar lo que ya tienes asegurado, es importante que logres intercambiar con frecuencia entre lo interno y lo externo, entre tu estilo de vida y lo que está más allá. Es muy parecido a respirar, el ritmo con el que necesitamos hacerlo nos viene de forma natural: “No somos seres independientes del mundo, existe una relación directa entre lo que nos rodea y todo aquello que nos hace ser nosotros mismos. Es de suma importancia
la forma en la que respiramos”, dice Vignoli.

“Tomar en cuenta las energías ex- ternas, ver hacia espacios desconocidos, cuestionarte o hacerlo con lo demás, todo se vuelve mucho más fácil si pensamos en nuestra zona de confort y en el resto del mundo como si estuvieran separadas por las puertas de un salón.

Descubrirás que será mucho más agradable y natural ir y venir las veces que sean necesarias, puedes ir y descubrir nuevos horizontes o tomar un pequeño retiro temporal en tu propio universo”. Eso no significa que llegarás en realidad a una habitación cálida o que te rodees de inmediato de amigos, que te refugies en tu familia o que regreses a tus viejos hábitos. El lugar de confort se trata de sumergirte en un lugar de paz y tranquilidad absoluta, es algo que siempre tienes a tu alcance, está más cerca que tu propio celular.

“Como solía decir el filósofo y místico Gurdjieff, hay un espacio dentro de cada uno de nosotros en el que existe una paz perfecta. Quien no conoce sus propias fallas, quien no es consciente de sus ideas preconcebidas y quien no se reconoce al verse frente a un espejo será solo un saco de carne”, explica Vignoli, “Se trata de lo más íntimo que tenemos, ese espacio natural en el que paradójicamente hoy en día nos resulta bastante complejo entrar”.

Cuando estés en mar abierto (puede ser una entrevista de trabajo o una fiesta en la que todos son desconocidos) y te sientas con la necesidad de estar en casa, se recomienda que hagas un pequeño ejercicio: imagina que te envuelve una luz cálida, una manta caliente que está hecha de hilos que poco a poco se convierten en una madeja que se apoya sobre tu ombligo, se absorbe y se expande en tu interior creando un espacio de tranquilidad. Este espacio es tuyo y puedes regresar, quedarte, ir o venir cuando quieras: “No estamos obligados a dar demasiado, tampoco estamos obligados a escuchar a alguien”. Vignoli dice: “Nos damos obligaciones que no son ciertas, nos damos órdenes sin tener que acatarlas, cuando en realidad lo más importante es nunca olvidar que tenemos una zona libre, una zona de confort que servirá también como una chispa curativa”.

Otra forma de asegurar un escape es expresar nuestras propias necesidades sin vergüenza, como lo indica Marina Innorta: “Ejemplo: a casi todos nos gustaría tener una sesión de meditación, pero la mayoría de las veces nos atemoriza que una vez estando allí, la ansiedad se apodere de nosotros. En lugar de evitar la sesión o de verlo como un fracaso podemos afrontar la situación y aclarar que, si la experiencia resulta ser desagradable o demasiado intensa, siempre podremos salir por donde entramos.

Será mucho más fácil si desde un principio nos planteamos todas nuestras necesidades y sobre todo si las hacemos externas. Es probable que una vez aclarado todo exista un punto en el que la seguridad se apodere de nosotros y logremos encontrar un momento cúspide en el que la felicidad nos rodee y agradezcamos por estar en esa sesión.

Cualquiera que sea el caso, es necesario que cada uno tome su propio tiempo y se haga saber y entender que siempre pue- de existir una posibilidad de cancelar. “Por ejemplo, quería mejorar mucho mi inglés y decidí tomar clases en línea. Soy una persona muy tímida e introvertida, las primeras veces que me enfrenté a las conversaciones en inglés se me hicieron por poco imposibles de superar, la dificultad no era el idioma, era que me faltaba un poco de confianza.

Por increíble que parezca llegaba a cancelar mi clase 5 minutos antes (no lo hagan), pero también quería continuar. Seguí adelante, logré manejar mis tiempos y comprendí que, si las clases no eran lo que quería en ese momento, no las tenía que tomar. ¡Poco a poco la ansiedad fue desapareciendo, me divertía y resultó que mi profesor era fantástico! En este caso lo que una vez estuvo fuera de mi zona de confort ahora era parte de ella. Claro que cuesta bastante esfuerzo, pero al final fue algo que se convirtió en momentos muy gratificantes y todo gracias a mí”.

Es en realidad sencillo: cuando sales a conseguir lo que deseas, si estás segura de que en verdad lo quieres harás un esfuerzo por conseguirlo y al hacerlo se convierte de inmediato en parte de tu “zona de confort” y te hace feliz. El gimnasio que antes te hacía sentir tan incómoda ahora en realidad te gusta y la forma en la que tu cuerpo se va transformando también te comienza a hacer sentir satisfecha, decidiste ajustar tu vida a tu conveniencia, dejaste atrás las ganas de ser alguien más.

En lugar de escapar de la zona de confort, la has expandido y enriquecido. Y todo esto desde tu propio mundo, donde tus sueños y deseos se cultivan poco a poco: “Es importante ampliar nuestra zona de confort, no evacuarla. Cada cambio o cosa que conquistemos será solo una emanación hermosa de lo que somos, un paso más de nuestro viaje personal.

¿Dejarías tu zona de confort?”, dice Giovenzana: “Para mí es el lugar donde ocurre la magia, es la raíz de todo sueño que se nos cruza por la cabeza, el lugar en el que podemos sanar y cuidar de nuestras heridas para seguir preparándote y poder librar todas tus batallas…

Desde hace 10 años que viajo, al principio lo hacía en apariencia para descansar, para saltar al vacío y enfrentar lo que existía más allá de mi zona de confort. Viajar y cambiar mi estilo de vida no ha sido más que encontrar en esta madurez, mi lugar de confort, la zona en que mis reflexiones, mis lecturas y los pensamientos quedaron solo para mí y nada más que para mí.

Puedo decir felizmente que no seguí a los ídolos de la multitud, solo seguí lo que mi ser interior necesitaba. Si tengo que serte sincero puedo decir que no todos los momentos fueron felices, existieron y creo seguirán ocurriendo situaciones difíciles, ahora ya no les temo, sé que dentro de mi zona de confort existe una serie de vivencias o experiencias que podrán contrarrestar estos pasajes…

Todo lo que decidas hacer es probablemente algo bueno para ti, siempre y cuando esa acción provenga de tu interior, no de un deseo superficial de intentar imitar la vida de alguien más, de aquello que te invita a ser la copia de la copia. En este sentido, creo que redefinir la comodidad y permanecer en ella es una forma de prepararse para los cambios o para mejorar la forma en la que vives tu vida”.

QUIERO, NO QUIERO, QUIERO…

No todo es suave y lineal, en especial cuando hablamos sobre deseos: “Lanzarse a sí mismo” significará continuar en el camino indicado o ir en contra de todo lo demás. Seguro te encontrarás con el siguiente panorama: por un lado, te gustaría hacer algo, pero  por el otro existe una situación que quizás te pueda frenar (por ejemplo, no querer enfrentar una experiencia difícil), y lo creas o no, esta ya demuestra que se convertirá en algo interesante.

En primer lugar, será crucial evaluar qué tantas ganas tienes de hacerlo o con qué intensidad te propones tenerlo, ¿tu deseo es tanto que aprietas los dientes e intentarás superar cualquier obstáculo? Susan Cain, en su best seller Quit, dice que se sentía aterrorizada cuando tenía que hablar frente al público, pero luego lo hizo porque se dio cuenta que su trabajo se limitaba por lo que ella creía o por lo que le hacían creer.

Y así es como decidió que darle la cara a todas estas dificultades valía la pena. Lo creas o no, este pequeño sistema se puede aplicar a cada una de las áreas, incluso para decidir si ponerte a dieta o no es lo correcto: si lo haces porque sientes que tu presión interna lo necesita está bien, pero, si lo único que te incentiva es seguir el estilo de vida de alguna otra persona o porque te has sentido mal porque alguien ha hecho una broma sobre tu trasero, entonces, tal vez no vale la pena que lo hagas.

En resumen, si el cambio que está por venir se encuentra sincronizado con tus valores, tus creencias y lo que quieres, entonces no dudes que vas en la dirección correcta.

Es similar a lo que le sucedió a nuestro psicólogo/viajero, Giovenzana: “He escuchado las voces de personas que me dan sugerencias de a dónde debo ir, algunas veces así lo he hecho. El desafío no era aceptar las condiciones de estas personas o sus argumentos, el desafío era encontrar un equilibrio perfecto entre lo que quería hacer en ese momento y lo que podía, desde mi punto de vista era bastante válido.

Si lo pienso ahora podría decir que no siempre acepté totalmente las sugerencias de las personas. Adopté nuevos pensamientos, nuevas perspectivas, algunas bastan- te extrañas para los que no me conocen, otras tantas incompatibles para mi continuidad profesional, inusuales para el ‘sentido común’.

Estoy seguro de que, si pudiéramos ver a través de mí, como si fuera una radiografía no encontraríamos fracturas, sino una continuidad honesta entre quién era y quién soy. Se podrían reconocer aquellos momentos en los que me dejé caer no en una realidad abyecta, pero sí en una zona de confort llena de luz que se encontraba dentro de mí.

Descubrí que aquella línea que cruza de la realidad a nosotros siempre juega con las direcciones, aunque es recomendable que cada vez sea una recta que provenga de afuera hacia dentro y no al revés, quizás después de leer esto la emoción emergerá de todos la- dos, pero debo informarte que hasta yo admito que hoy en día la presión para convertirse en ‘la mejor versión de uno mismo’ (siempre sugerida por otros) es muy fuerte, y el crecimiento personal es un camino socavado por las distracciones y los espejismos. Por esto, meditar, documentar, confrontar y tener un corazón abierto siempre será algo benéfico para nosotros mismos.

En mi opinión estas acciones son las que establecen un cambio duradero, sostenible y personal. Uno no abandona su zona de confort: uno la nutre, invita a otros, se atreve a cambia el aire, uno abre su propia ventana”.

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